FELIZ DIA DEL PADRE TANGO DE MARIO BUSTOS


Aver, Lazzari, ¡probalo!» exclamó Curi, el representante de D'Arienzo. «¿Y para qué? ¿Yo, una prueba?... ¡No! A mí me vinieron a buscar, no vine a pedir trabajo. Yo no hago pruebas. Quiero hablar con D'Arienzo».

Tenía su carácter, por momentos soberbio. Finalmente vino D'Arienzo: «Quisiera hablar sólo un minuto con usted», le dijo en tono imperativo, pero D'Arienzo aceptó. Caminaron hasta un rincón del estudio donde había un piano, pero nadie se sentó al piano. Entonces le dijo: «Mire maestro... —y se lanzó—: hace cinco días, loco de contento...» Así se mandó la primera parte de “Justo el 31”. Juan D'Arienzo llamó a Jorge Curi y le ordenó que Carlos Lazzari lo escuchara y despidiera a los demás postulantes, que eran como cuarenta. Después se dirigió a Eduardo Del Piano que lo había llevado y le dijo: «Eduardo, ya está, era lo que estaba buscando».

Así comenzó el segundo y último dúo exitoso que tuvo la orquesta en su larga trayectoria, el primero Echagüe-Laborde, y ahora Jorge Valdez y Mario Bustos.

El hecho ocurrió en Radio El Mundo y fue una idea de Eduardo Del Piano, amigo de D'Arienzo y de Bustos, en el momento que se enteraron que el dúo famoso estaba en retirada. Por aquel entonces, el joven vocalista actuaba en el Palacio con una orquesta propia que dirigía Osvaldo Piro.

Nació a metros de la esquina de Yatay y Díaz Vélez, barrio de Almagro. Fue el mayor de cinco hermanos traídos al mundo por el español Casimiro Álvarez y la italiana Mercedes Grazioti. Recién llegado el padre se estableció en el barrio de La Paternal, con un pequeño negocio de peluquería. Un día, en la trastienda, apareció un piano y desde entonces fue habitual que en un sector de la tapa, prolijamente protegido se ubicara un calentador Primus donde casi todos los días se preparaban papas fritas al pimentón: cachelos. Y como correspondía, el pequeño espacio se convirtió en tertulia de amigos, casi todos músicos, casi todos guitarreros, como el propio Don Casimiro, que tuvo el gusto de acompañar varias veces al mismísimo Agustín Magaldi, que era tan tartamudo comentaban, que no podían entender como hacía para cantar.

De pibe andaba canturreando por la casa, aparte de cumplir con el colegio y jugar al fútbol en la calle. De muchachito se inclina por el billar y cuando se aparecía por el café Cervantes de Méjico y Entre Ríos, ya es el Duque, por su tendencia a mostrarse atildado, cuidando la pinta.

El secundario lo hizo en el industrial Otto Krause y entre sus compañeros surgen dos compinches: León Zucker, luego el cantor Roberto Beltrán y Mauricio Borenstein, más tarde el actor Tato Bores. Ambos lo entusiasman para que se dedique al tango. El hermano de su madre, el actor de radio y teatro Tito Grassi lo conecta con el guitarrista José Canet, quien desenfundó la viola, hizo un arpegio y le dijo: «¡Dale, cantá!». Y luego de escucharlo se lo llevó con él. Así comenzó su carrera de cantor.

Los dos compañeros y Canet lo presentan, a su vez, a Domingo Federico que buscaba reemplazar a Oscar Larroca. Gustó y el primero de agosto de 1948 debuta en Radio Splendid. Federico lo bautiza Mario Bustos, hasta entonces había cantado como Mario Escudero. Una curiosidad, tres cantores en una orquesta, porque junto a Mario se alineaban Enzo Valentino y Hugo Rocca. Debutó en el disco el 14 de octubre de 1949, cantando “Justo el 31”.

Luego de dieciocho meses llegó la desvinculación. Ocurrió que Eduardo Del Piano decidió formar orquesta propia y le propuso ser su vocalista junto a Héctor De Rosas. El 17 de septiembre de 1951 comienza grabando “Margot”, es su primer título registrado.

La relación laboral se prolongó hasta fines de 1954. Mucho trabajo y pocas grabaciones, un detalle nada grato que también persiguió a Del Piano, una orquesta de sonido limpio, claro, ideal para escuchar, con Mario, un barítono con un timbre de voz —excepción hecha de Edmundo Rivero— a la que aún los productores discográficos no estaban acostumbrados. Tuvieron temporadas de seis meses en la confitería Adlón, en un primer piso de la calle Florida, y en muchos otros locales. Su interpretación de “Tiburón” de Julio PolleroLuis D'Abbraccio y letra de Enrique Dizeo, se constituyó en un gran éxito.

Ya como profesional, con Domingo Federico, tuvo un maestro de canto y éste fue quien le descubrió una serie de problemas en sus cuerdas vocales que se fueron acentuando de tal manera, que luego de Del Piano decidió alejarse de la actividad. Entró al diario La Prensa como corrector de pruebas y cada tanto hacía un bolo, nada que lo esforzara mucho porque la voz no le daba, debía controlarse mucho.

Julio Sosa le aconsejó visitar al Dr.León Elkin. Operaciones de por medio, un tiempo de espera y la rehabilitación final. Pero no fue fácil el retorno, tenía ganas pero también sus dudas.

Fue su hermano Nenín y las circunstancias las que determinaron su regreso. Se encontró con uno de los socios de El Palacio del Baile que preguntó por su hermano y manifestó su deseo de contratarlo. Pidió una semana para contestar. Había que encontrar el acompañamiento y hacer el repertorio.

Convencieron a Osvaldo Piro, luego a unos músicos que estaban con Ricardo Pedevilla. Faltaba un pianista y apareció Oscar Palermo que solamente se dedicaba a la música clásica. Juntaron un dinero para imprimir afiches que rezaron «Mario Bustos y su orquesta dirigida por Osvaldo Piro». Ensayos, casi ninguno, todo a la parrilla.

El debut fue aceptable y más tarde bueno, porque la inmensa pista del Palacio —101 metros por 50 de ancho— se llenaba en cada reunión. Se quedaron tres meses, también actuaba la jazz de Rubén Granata. El conjunto continuó por otros escenarios de la ciudad hasta que llegó D'Arienzo que era un tipo sagaz, sabía lo que quería y supo explotar el estilo y el desenfado de Mario Bustos.

El debut fue en el Marabú, enseguida comenzaron las grabaciones. Es posible que supiera poco de música, pero D'Arienzo tenía un ángel. En los ensayos, a su manera, daba las indicaciones y estaba en lo cierto, las partes salían mejor. Y en los locales, donde era costumbre hacer tres vueltas, él nunca aparecía en la primera y la orquesta nunca sonaba igual a cuando el maestro estaba al frente, su presencia la hacía crecer.

La relación entre ellos nunca fue buena y no terminó bien. Juan decía sus cosas de manera chocante y a Mario no le gustaba, él era difícil también. Hubo celos, pequeños enfrentamientos, un malestar permanente a cambio del buen trabajo y la popularidad. D'Arienzo gustaba de tener cámara y cuando estaban en la televisión se acercaba a los cantores y los dirigía con el dedo. Mario le dijo que no lo hiciera, no le gustaba. Hasta que un día se lo mordió. Todos lo tomaron como parte del show, pero en la intimidad se sabía que fue de bronca. Lo mismo cuando cantaba «no te quiero más ...» y Juan se acercaba al micrófono y decía el verso siguiente «ni te puedo ver».

Luego, la etapa como solista que comenzó acompañado por el trío de Carlos Galván, donde solían estar Jorge Dragone, a veces Julio Pane, también Marcheto... después Osvaldo RequenaArmando LacavaEduardo Ferri... En 1966 se va a Japón con Florindo Sassone pero como artista invitado. De regreso hicieron un mes en Radio El Mundo.

En 1978 fue a su hermano Nenín, entonces presentador en el Marabú, que se le ocurrió festejar los 30 años de Mario con el tango y también fue una prueba, pues el Marabú no abría los domingos y el festival se hizo un domingo y fue exitoso, a tal punto que las funciones continuaron varios meses con un promedio de 700 personas por presentación.

Y llegó el final. Terminaba el año 1979 y su hermano piensa para el día treinta de diciembre juntar nuevamente al dúo Bustos-Valdéz, pero no pudo ser. El día 26 por la mañana estaba hablando por teléfono con Jorge Dragone, ya que esa noche se presentan en El Viejo Almacén, cuando no se siente bien. El mismo tomó un taxi y se fue al Hospital Italiano. Tenía un infarto. Fueron unos días de incertidumbre hasta el 2 de enero que falleció. Fuente Todotango.com comentario de Néstor Pinsón


TANGO DE MARIO BUSTOS

ANIBAL ARIAS UNA GUITARRA PARA GARDEL



En el aire de la que fuera su casa natal en Villa Devoto, se respiraba música. Y es muy seguro que desde el vientre materno haya comenzado a disfrutar el dulce y armonioso arrullo que brotaba del sonido de una guitarra, con la voz de su padre —santiagueño— entonando canciones y dando vida a esas cuerdas. A la edad en que otros niños comenzaban a empuñar un lápiz para hacer los primeros palotes, con apenas cuatro años, él ya abrazaba el diapasón de una guitarra y, con sus finos dedos, comenzaba a darle forma a los primeros acordes de una canción, volcando en ella esa pasión por la música que lo acompañaría toda la vida.

Luciendo pantalón corto, hizo sus primeras armas con sus hermanos y sus primos armando conjuntos, haciendo dúo con su hermana Amanda, con el nombre Los Catamarqueñitos, en honor a su madre oriunda de la provincia de Catamarca.

Fue su primer maestro, a los diez años, un colega de su padre, Pedro Ramírez Sánchez, quien guió sus primeros pasos y se convirtió con el tiempo, en su compañero y consejero. Con él conoció otras escuelas de guitarra. Dicho universo contribuyó a su formación y le permitió exhibir una solvencia y seguridad poco frecuente en un joven. Allí bebió las enseñanzas técnicas y musicales, pero su talento y espíritu autodidacta hicieron el resto.

Se convirtió en un dotado ejecutante de música clásica, pero pronto se orientó hacia lo popular, iniciándose en el folclore haciendo el acompañamiento a prestigiosos cantores y conjuntos de la época de oro de ese género: Los Arrieros Cuyanos, Virginia Vera, dúo Vera-Molina, Alberto Cautelar, Rogelio Araya, Hilda Vivar, Waldo Belloso, Dúo Moreno-Sayago, Ramona Galarza, Julia Vidal, Hermanas Berón, Hermanos Barroso, Argentino Luna, entre otros. Pero su pasión era el tango y así permaneció muchos años en el desaparecido local La Querencia, de la Avenida de Mayo, donde acompañó a numerosos cantores que se presentaban en sus espectáculos.

Era bastante conocido cuando debuta en la música ciudadana acompañando a un cantor del barrio de Mataderos: Ángel Reco, a quien recuerda con cariño. Reco falleció en 1992 y fue uno de esos cantores clásicos de barriada que llegaron a la radio en la década del cuarenta, conforme nos cuenta Sara Ribot en su nota de septiembre de 1992, en la revista Tango y Lunfardo.

En 1953, integró el conjunto de guitarras que acompañó durante cuatro años a Héctor Mauré, también formó parte de un sin número de formaciones: el cuarteto A Puro Tango de Miguel Nijensohn, un trío con Osvaldo Tarantino y Osvaldo Rizzo, varios cuartetos con Enrique AlessioJorge DragoneArmando PontierLuis StazoEduardo FerriOsvaldo PiroCelso AmatoFrancisco GrilloHéctor StamponiJosé Libertella y desde 1969 hasta 1975, el de Aníbal Troilo, con el que grabó temas que quedaron imperdurables en el recuerdo.

Fue la guitarra de los más grandes cantantes: Libertad LamarqueRaúl BerónOscar AlonsoCarlos AcuñaTaniaÁngel CárdenasRoberto RufinoFloreal RuizJulio SosaRoberto GoyenecheSusana RinaldiEdmundo RiveroEnzo ValentinoNéstor FabiánAlberto MoránJorge CasalArgentino Ledesma, dúo Dante-Larroca, entre muchos más.

Formó parte de la Orquesta de Tango de la Ciudad de Buenos Aires, desde su formación en 1980, bajo la dirección de Carlos García y Raúl Garello. Con esta orquesta recorrió Argentina y varios países de América Latina, cosechando merecidos aplausos.

Integró el elenco de El Café de los Maestros junto a los más notables músicos y cantantes, participando de la película homónima, filmada en el año 2006 y actuando, con parte de sus integrantes en Berlín, Roma, Atenas, París, Londres y Río de Janeiro.

Su generosidad hizo que dedicara gran parte de su tiempo a la docencia, con el fin de legar a los jóvenes su conocimiento, su experiencia y brindarles su ayuda para perfeccionar la técnica. Fue fundador de la Escuela de Música Popular de la Municipalidad de Avellaneda.

Realizó numerosos viajes artísticos a Estados Unidos, Brasil, Francia, España, Alemania, Grecia, Japón (doce veces) con distintos artistas, en especial, con el dúo que integra con el bandoneonista Osvaldo Montes. De todas estas giras, se destaca el histórico viaje a Washington con el cuarteto de Aníbal Troiloen marzo de 1972, con motivo de los festejos del 25 de Mayo.

Con Susana Rinaldi actuó en París en el Olympia y en el Teatro de la Ville, también en el Teatro La Comedia de Madrid. Con el Sexteto Mayor, en Venecia, Berlín y Washington.

Su primer trabajo discográfico como solista, La guitarra romántica del tango, fue en 1985 para RCA, reeditado en disco compacto, en 2008. Le siguieron, Una guitarra para Gardel y con su cuarteto de guitarras dos CD, Nuestras guitarras con Carlos Martínez, Seis cuerdas y una voz con Oscar Ferrari y Querido chamamé, con el bandoneonista Antonio Príncipe.

Un párrafo aparte merece su relación con Osvaldo Montes (El Marinero), compañero en la Orquesta del Tango de la Ciudad de Buenos Aires desde su fundación. Fueron grandes amigos y formaron una dupla musical que, al margen de la orquesta, nos deleitan con un repertorio de tangos de todos los tiempos, donde la excelencia interpretativa y las permanentes improvisaciones fueron una marca registrada de estos dos prestigiosos maestros, que podemos comprobar escuchando sus registros discográficos.

Fue académico de honor de la Academia Nacional del Tango y miembro titular de la Academia de Música. Fue distinguido como Gloria del Tango por la Academia Porteña del Lunfardo. En 1986, fue galardonado con el Gardel de Oro; en el 2004, distinguido por el Senado de la Nación «por el valioso aporte a nuestra cultura» y luego, el reconocimiento del Latin Grammy 2008, como músico participante del álbum de tango Buenos Aires, día y noche.

Con casi setenta años dedicados a la música en forma profesional, siguió empuñando su instrumento, acompañado por su colección de más de treinta guitarras, con cada una de las cuales tuvo una historia.

Conservó incólume la misma humildad de sus orígenes. No lo cambiaron los elogios, los premios, ni los honores recibidos en el transcurso de su larga carrera. No lo ha mareado el éxito y, como el primer día, siguió elaborando e imaginando cosas nuevas. Fue, sin duda, un ejemplo de trabajo, de ansias de seguir aprendiendo y un gran maestro que disfrutó de la gran pasión de su vida, la guitarra, sobre cuyas cuerdas desparrama, con sus ágiles dedos, la savia del amor que fluye de su alma. Fuente TODOTANGO.COM comentado por Alberto Heredia.




JULIAN PLAZA JAPÓN 96


Una conjunción de variadas y positivas cualidades han concurrido armoniosamente para que Julián Plazaredondeara una de las personalidades artísticas más sobresalientes dentro de la historia del tango.

Bandoneonista, pianista, compositor y, sobre todo, arreglador, fueron los elementos a través de los cuales se proyectó su nombre, no sólo a la consideración pública, sino especialmente al círculo de los profesionales de la música, dentro de los cuales goza de un bien ganado prestigio. Una autoridad que ha sabido ganarse a fuerza de estudio, trabajo y talento.

Como ejecutante, ha demostrado una especial ductilidad para adaptarse a los más variados estilos interpretativos, ya que integró en su momento orquestas de muy diferenciadas modalidades (Edgardo DonatoAntonio RodioMiguel CalóCarlos Di SarliOsvaldo Pugliese), y en todas logró un excelente grado de consustanciación.

Ese permanente desafío cuyas reglas de juego aceptó con gusto y disciplina, habrían de serle luego aliados valiosos, junto al estudio de las diferentes reglas musicales, cuando comenzó su importantísima tarea de arreglador, labor en la que alcanzaría su mejor pico en los trabajos que realizara para las dos agrupaciones mas relevantes de los últimos tiempos, Aníbal Troilo y Osvaldo Pugliese, sin menoscabar por ello el notable despliegue efectuado, en igual sentido, para el Sexteto Tango.

También en la composición se destacó con rasgos muy personales. Sus tangos y milongas, casi todos instrumentales, llevan el sello de un auténtico creador, distinción que comenzó a vislumbrarse desde su primera obra importante, que estimamos debe ser el tango “A lo moderno”, estrenado en 1954 por la orquesta de Miguel Caló, y que continuó posteriormente con esa insuperable serie que integran “Sensiblero”, “Danzarín”, “Melancólico”, “Nostálgico” y “Disonante”, los cuales, junto a otros que dio a conocer a mediados de la década del cincuenta, conforman una lista de muy pareja calidad.

Julián Plaza, desde la confluencia de estos tres cauces, la ejecución, el arreglo y la composición, ha sido un músico en constante búsqueda. De aquella primera incursión en la famosa década del cuarenta, pasó luego a ser figura de punta en la generación del cincuenta y cinco, junto a Atilio StamponeOsvaldo BerlingieriLeopoldo FedericoOsvaldo Requena y otros más, para proyectarse después hacia el mejoramiento y la evolución, siempre en constante progresión, tal vez influído por la gravitación de Astor Piazzolla. Pero esa intención vanguardista no lo alejó nunca de las genuinas raíces del tango. Su moderación y su clara visión de que el tango, para que siga llamándose así, debe conservar su auténtica carnadura popular y ciudadana, lo ubican en un lugar relevante de su historia.

En una palabra, Julián Plaza avanzó hasta el extremo justo en que el género lo permite. Traspuesto ese límite, el tango ya pierde hasta su nombre.

Julián Plaza nació en General Manuel Campos. una pequeña localidad de la provincia de La Pampa, el 9 de julio de 1928. 

Realizó los palotes musicales con su padre, que tocaba el bandoneón aprendido por correspondencia. Cuando Julián tenía once años, la familia se trasladó a Buenos Aires; comenzó a estudiar con Félix Lipesker; integró, a su vez, orquestas infantiles. donde fue aprendiendo la labor de conjunto.

Sus rápidos adelantos hicieron que a los quince años debutara en la orquesta de Edgardo Donato, y poco después en el conjunto de Antonio Rodio; en 1949 pasó a engrosar las filas de Miguel Caló, con quien estuvo casi diez años. Mientras tanto, con Eduardo Bianco, realizó un extenso viaje por Italia, Grecia, Turquía, Siria y el Líbano.

Luego se relacionó con Carlos Di Sarli y estuvo vinculado por trabajos de arreglo a Atilio Stampone y Florindo Sassone.

Durante 1959, se incorporó a la orquesta de Osvaldo Pugliese, siempre como bandoneonista. Con este conjunto anduvo en gira por Rusia y China en dicho año. Con el autor de “Recuerdo” estuvo hasta 1968, cuando, con otros integrantes de la orquesta, formaron el Sexteto TangoOsvaldo Ruggiero y Víctor Lavallén(bandoneones), Emilio Balcarce y Oscar Herrero (violines), Alcides Rossi (contrabajo) y el propio Plaza como pianista; con esta agrupación grabaron en el sello Víctor.

En 1992, resolvió alejarse del Sexteto Tango, buscando redondear su personalidad artística, es decir, intentar la dirección orquestal, una disciplina que aún no había encarado.

Sus trabajos de estos últimos tiempos han sido destinados a formar su propio conjunto, tocar sus propios tangos con sus propios arreglos. Y en esa lucha se encuentra ahora.

Entre sus muchas y variadas actividades, digamos que mientras alternaba su labor en la orquesta de Miguel Caló, formó un cuarteto de bandoneones a capella, que se integró con Alfredo MarcucciErnesto Franco y Atilio Corral.

Paralelamente a todos estos trabajos, comenzó a incursionar en el arreglo (le confesó a la especialista Nélida Rouchetto que su primer arreglo lo escribió en 1950 para la orquesta de Miguel Caló: la milonga “Dominguera”). En esta difícil tarea hizo numerosos trabajos para Atilio StamponeLeopoldo FedericoAníbal TroiloOsvaldo PuglieseOsvaldo PiroJosé Colángelo y mucho para el Sexteto Tango. A ello debe sumarse la tarea profesional que desplegó en la Editorial Korn para arreglos estandard.

También al cine le aportó su música y sus arreglos, para las películas argentinas La treguaSolamente ella y Chau Papá, cuyas bandas sonoras estuvieron a cargo de orquesta propia.

Además, en esta apretada síntesis no quiero dejar sin mencionar los arreglos y el acompañamiento que le hizo a Susana Rinaldi en la grabación de su LP recordando a Homero Manzi (algunos de los músicos que integraron ese conjunto fueron nada menos que Osvaldo BerlingieriErnesto Baffa y Fernando Suárez Paz, entre otros).

En un trabajo anterior mío (Abel Fleury. Vida y obra, Editorial GraFer, 1995) dejaba expresado un concepto con respecto a la labor compositiva de todo músico, que considero oportuno reproducir ahora, porque encaja perfectamente para comentar la obra de creación de Julián Plaza:

«Todo compositor, por más vasta que sea su producción, tiene siempre alguna obra que, sin ser la mas lograda, es la que define su estilo. En ella, por exacta y armoniosa conjunción de ciertos valores, el autor ha exteriorizado su sensibilidad, ha desnudado sus raíces, evidenciado su formación y desarrollado su capacidad creativa, logrando en esa síntesis la identidad de toda su labor. Razones de impacto en el gusto popular, la aceptación y la incitación que provoca en los ejecutantes, que, al incluirla en sus repertorios, crean los canales indispensables para procurarle la difusión necesaria y hacen que esa composición se hospede en los oídos y en la emoción de amplios auditorios. Aparte de los valores técnicos y estéticos, lo cierto es que a través de todo ese contexto un determinado trabajo de composición concluye siendo para su autor una especie de resumen de su personalidad artística».

Y ese resumen, en el caso de Julián Plaza, puede buscarse en su tango "Danzarín".

Ya dejábamos anotados al comienzo algunos títulos (“A lo moderno”, el primero), a los que siguieron cinco estupendos tangos instrumentales: el recién comentado “Danzarín”, “Sensiblero”, “Melancólico”, “Nostálgico” y “Disonante”, y cuatro milongas con distintas acentuaciones: “Dominguera” (ciudadana), “Payadora” (criolla), “Nocturna” (ciudadana) y “Morena” (milonga candombe).

También son obras de él “Milontango”, “Buenos Aires-Tokio”, “Color tango” y “Cuánta angustia”, sospecho que el único tango con letra (de Manolo Barros). Y hay, seguramente, muchos más, pero los nombrados creemos que son los más representativos de su estilo y de su personalidad de compositor.

Por otra parte, bueno es señalarlo, son los más difundidos y los que más han sido grabados por diferentes agrupaciones.

Originalmente publicado en la revista Tango y Lunfardo, Nº 130, Chivilcoy, 16 de julio de 1997. Fuente: Todotango.com


JULIAN PLAZA

TANGO GRECO




JUAN D' ARIENZO TANGOS PARA EL MUNDO


Dedicado a Ivan Varnikov me buscó por Facebook
para solicitar la re publicación de esta obra del maestro Darienzo.


MUSICA DEL FILM TANGO UN GIRO EXTRAÑO


Se trata de un interesante documental musical dirigido por Mercedes García Guevara en 2004, que recorre la nueva generación de cantantes y bailarines y los nuevos escenarios del tango rioplatense bajo una perspectiva original. Jóvenes artistas que no le tienen miedo a inventar, actualizar, adaptar, incluso volviendo a escribir y arreglar, con originales aportes, muchos de los tangos tradicionales más interesantes sin traicionar su espíritu. Entre sus participantes destacan Dolores Solá y Acho Estol (del dúo La Chicana) de cuyo disco del año 2000 el documental toma su título; las guitarras de Brian Chambouleyron y del Cuarteto de cuerdas 34 Puñaladas; Las Muñecas; los pianista Fernando Otero con su X-Tango Quinteto afincados en Nueva York y Adrián Laies; así como también los bandoneones de Osvaldo "Marinero" Montes y Pablo Mainetti. Todo esto condimentado con las jóvenes parejas de bailarines (Gimena Aramburu y Juan Fossatti, y Mayra Galante y Silvio Grand). Una pequeña joya.



ASTOR PIAZZOLLA EL DESBANDE




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