ROBERTO RUFINO EN LAORQUESTA DE CARLOS DI SARLI




Escuchar a Roberto Rufino entonar “María” o “La novia ausente” o “Malena” o cualquiera de los tangos que había elegido para su repertorio, era advertir que ese tango iba desgranándose de a poco y que las palabras surgían por separado, sin dejar de integrar el todo que las reunía, con la fuerza propia que debían tener en su contexto.

Rufino fue eso: un decidor, un fraseador, un intérprete que sabía perfectamente cual era el mensaje de lo que estaba cantando.

Nació el seis de enero de 1922, en Agüero 753 —pleno barrio del Abasto—, hijo de Lorenzo Rufino y Agustina Guirin, aunque en su partida de nacimiento figura el día en que fue inscripto, el 8 de ese mes y año. Poco más allá, en Agüero y Guardia Vieja, estaba el café O'Rondeman, donde supo soltar sus primeros gorjeos Carlos Gardel. ¿Una premonición? Quizá, porque también Rufino se inició en el viejo café de su barrio, que todavía regenteaban los hermanos Traverso. Pero la coincidencia va más allá: en el mismo año, 1935, fallecieron su padre y Gardel. Y en 1936, a los pocos días de haber pasado por Corrientes el cortejo que llevaba a Carlitos a su morada final, debutó profesionalmente El pibe del Abasto —como se lo llamaba desde los días del O'Rondeman; también le decían El pibe Terremoto— en el Café El Nacional, como vocalista de la típica de Francisco Rosse, para pasar, poco después, al Petit Salón, con la orquesta de Antonio Bonavena, autor de “Pájaro ciego” y tío del futuro boxeador.

A Bonavena siguieron, en la carrera artística de Rufino, las orquestas de El Cieguito Camilo Tarantini, de José Felipetti, (Natalín) —el del vals “Pabellón de las rosas”— y de Anselmo Aieta.

Ya el destino fijado por don Lorenzo había quedado definitivamente atrás: en esa época abandonó su bachillerato en tercer año. El tango sería su único destino.

Pero estamos aún en la prehistoria del cantor y 1938 será el año clave. Carlos Garay, representante de Carlos Di Sarli, lo oyó cantar el tango de Di Sarli y Enrique Carrera Sotelo“Milonguero viejo”, se lo hizo saber a su representado y éste lo incluyó en su orquesta, con la que el cantor accedió al disco el 11 de diciembre de 1939, con el tango “Corazón”, de Di Sarli y Héctor Marcó. La fama ya lo había tocado con su varita mágica y «a los 21 o 22 años, tenía un historial discográfico sin precedentes», señala el periodista Jorge Sturla.

En efecto, llegó a grabar, junto a Di Sarli, cuarenta y seis páginas. Entretanto, tuvo dos breves paréntesis, con las orquestas de Alfredo Fanuele (1941) y Emilio Orlando (1942), para retornar con El Señor del Tango, en 1943.

Un año más tarde, se desvinculó de la orquesta que lo lanzó a la popularidad; era tiempo ya de probar suerte como solista. Debutó en calidad de tal, acompañado por su orquesta, que puso bajo la batuta de Atilio Bruni, en Radio Belgrano, donde se lo llamó El Actor del Tango.

Posteriormente, dirigieron su agrupación acompañante Alberto Cámara —con quien grabó su primer disco como solista, para el sello uruguayo Sondor en 1945— y Porfidio Díaz, con la que registró el segundo disco, en la Victor chilena (1946).

Entre 1947 y 1950, volvió a convertirse en vocalista de orquesta ajena, las que dirigían Francini-Pontier y Miguel Caló, para continuar en calidad de solista entre 1952 y 1954. Durante los dos años siguientes, fue cantor de Roberto Caló, y luego siguió como solista, salvo breves intervenciones con algunos directores, como Enrique Francini (1957), Armando Pontier(1961-1962), Aníbal Troilo (1962-1965) y Miguel Caló (1966, para registrar un larga duración).

Resulta curiosa la breve labor de Rufino como cantante melódico, bajo el seudónimo de Bobby Terré, con el que, puede decirse, no quedó precisamente en la historia. Como tal realizó grabaciones entre 1957 y 1960, alternando con su propio nombre como tanguero. Sus actuaciones en la sala mayor de Radio El Mundo, con la asistencia de público, fueron ocultadas tras una máscara, de modo que se lo presentaba como El Enmascarado Bobby Terré; no era cuestión de «avivar a la gilada».

Tuvieron repercusión en su época sus interpretaciones de “Adiós adiós adiós”, “El teléfono”, “Vuelve amor” y “La luna y el sol”. Pero eso fue todo. Terré volvió a ser Rufino y Rufino no volvería a alejarse del tango.

Una tarea menos difundida que la de cantor, aunque no por ello ignorada, fue la de compositor y letrista. Es autor de numerosas obras, como “Muchachos arranquemos para el centro”, “Eras como la flor”, “Cómo nos cambia la vida”, “Calla”, “Destino de flor”, “Dejame vivir mi vida”, “La novia del suburbio”, “Soñemos”, “Tabaco rubio”, “El clavelito”, “No hablen mal de las mujeres”, “Los largos del pibe”, “En el lago azul”, “Carpeta”, “El bazar de los juguetes”, “La calle del pecado”, “Julián Tango”, “Manos adoradas”, “Porque te sigo queriendo”, “¡Qué quieren, yo soy así!”, “Boliche”, etc. Entre sus colaboradores autorales —músicos y letristas— se contaron Roberto Casinelli, Manolo Barros, Mario César ArrietaMarvilRoberto Caló, Cholo Hernández, Julio NavarrineHéctor MarcóHoracio SanguinettiReinaldo YisoÁngel Cabral, Alberto L. Martínez, Alejandro Romay y otros.

Sus últimos años fueron de incansable actividad; daba la sensación de ser eterno. Pero los años no transcurren en vano, y sus presentaciones finales resultaban ya patéticas, con un público que seguía siéndole fiel y hasta llegaba a soplarle cariñosamente las letras cuando las olvidaba, en un inútil esfuerzo de ver en él al cantor que había sido.

Por otra parte, cada vez que pisaba un escenario parecía imposible poder bajarlo de él; era como si quisiera aferrarse para siempre al espectáculo y a la presencia de su hinchada. Con todo, en 1997 se hizo justicia: fue declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, y en 1998, Ciudadano Ilustre de la Cultura Nacional. Era la culminación de su trayectoria; una culminación, sin duda alguna, merecida.

El 24 de febrero de 1999, su corazón dejó de latir en la sala de terapia intensiva de la Fundación Favaloro. El 25 por la mañana, el pueblo despidió sus restos en el Cementerio de la Chacarita, entonando aquel tango que tantas veces su modo de decir había desgranado palabra por palabra, como para que no se perdiera el sentido de lo que había escrito el autor: «Malena canta el tango como ninguna...». Acaso sólo faltó una cosa, haber dicho Rufino en lugar de Malena. Fuente Todotango.com comentario Roberto Selles

Originalmente publicado en el fascículo 34 de la colección Tango Nuestro editada por Diario Popular.


ROBERTO RUFINO

JORGE VALDEZ CON LA ORQUESTA DE ALBERTO DI PAULO DISCO DE ORO



A la edad en que los pibes empiezan a jugar, ya había anidado en él la música de Buenos Aires. Por eso Jorge Valdezintegra la lista de las grandes voces que llegaron a tutearse con los duendes del tango.

Poseedor de una innata sensibilidad, Leo nació en Buenos Aires, más precisamente en el porteño barrio de Villa Urquiza. Desde pequeño comenzó su encuentro con la música pues a los diez años de edad la madre lo induce a tomar clases de piano. Sus dotes interpretativas y una gran personalidad le permiten progresar rápidamente en sus estudios y es así que cinco años después, se presenta, en cuatro ocasiones, en el programa de radio El Piano en la Argentina.

Sin embargo, su mayor pasión era el canto y comenzó a «despuntar el vicio» cantando en reuniones familiares y de amigos, para luego transitar las calles y los boliches de su ciudad, llevando como único equipaje su voz.

Carlos Lazzari, bandoneonista de la orquesta de Juan D'Arienzo, lo escucha cantar en el cine Aconcagua de Villa Devoto y poco tiempo después se lo presenta al maestro, quien le toma una prueba, en la cual interpreta los tangos “Eras como la flor”, “Remembranza” y el vals “Quemá esas cartas”. El resultado es positivo y en el año 1957, se incorpora a la orquesta del Rey del Compás, con el nombre artístico de Jorge Valdez junto al cantor Mario Bustos, reemplazando a los consagrados Alberto EchagüeArmando Laborde. Graba su primer disco, el tango “Andate por Dios”, el 8 de mayo de 1957, al que le siguen “Destino de flor”, “La calesita” y “El reloj”, versión en tiempo de tango del famoso bolero.

Durante su labor en la orquesta grabó 117 temas, trece de los cuales lo hizo en dúo, el primero de ellos acompañado por Mario Bustos y después —en orden cronológico— por Horacio Palma, Héctor Millán y Armando Laborde, quien en 1964 se había reincorporado a la orquesta. De los temas que Jorge Valdez cantó a dúo, el que obtuvo mayor éxito fue la milonga “Baldosa floja”, grabada con Mario Bustos.

Entre las grabaciones con la orquesta de D’Arienzo, recordamos: “Adiós Chantecler”, posiblemente su tema más logrado, “Remembranza”, “Estrella”, “La calesita”, “En el cielo”, “Casita de nácar”, “Hasta siempre amor”, “Se llamaba Eduardo Arolas”, “Ave de paso”, “Clavel del aire”, “Adiós corazón”, “Un solo minuto de amor”, “Marinera”, “Tu noche es mi noche” y “Chirusa”, el más popular.

A propósito de este último tema, deseamos destacar que “Chirusa”, compuesto por Juan D'Arienzo y Nolo López en la década del veinte, fue grabado por su autor en tres oportunidades. La primera de ellas en el año 1928, con el estribillo a cargo de Carlos Dante. La segunda el 17 de mayo de 1940 con Alberto Reynal y la tercera el 29 de octubre de 1958 con Valdez.

Este «gordo divino» o Cuore, como lo llamaba en la intimidad su amigo el cantor Roberto Mancini, era dueño de un fraseo fácil e inconfundible, de voz atenorada, cálida y melodiosa. Parecía una alondra haciendo fiattos falseteados, plenos de ricos matices.

Registra su último tango con Juan D'Arienzo, “Amor de verano”, el 18 de noviembre de 1964, al año siguiente se aleja de la orquesta y es reemplazado por Osvaldo Ramos, quien cantaba con Florindo Sassone con su nombre real: Osvaldo De Sanctis.

Posteriormente grabó con el maestro Osvaldo Requena, con quien reeditó canciones de su repertorio, a los que sumó “Gricel”, “En esta tarde gris”, “Carillón de La Merced”, “Verdemar” y “Nubes de humo”, entre otras. Graba luego con el acompañamiento de la orquesta de Alberto Di Paulo muy buenas versiones de “Barrio de tango”, “Fuimos”, “La canción de Buenos Aires”, “La vi llegar”, “Mimí Pinsón”, “Por una cabeza”, “Una piba como vos” y “Cuando un amigos se va”.

Para resaltar mejor la gran sensibilidad de Jorge Valdez, rescatamos esta anécdota referida por Rafael Brescia, quien también lo acompañó en diversas oportunidades con sus guitarras. En la década del noventa Brescia había registrado una cinta con la voz de Carlos Gardel, reemplazando las guitarras que lo acompañaban por otras cinco dirigidas por él. «Cierto día llevaba a Jorge en mi auto y puse la cinta. Mientras la escuchaba vi una lágrima en sus ojos. Fue la mejor recompensa para mi trabajo».

Durante su actuación como solista Valdez integró diversas “embajadas de tango” junto a Carlos DanteAlberto MoránFloreal Ruiz y Ricardo Ruiz y bajo la dirección orquestal de Jorge Dragone, estas giras le permitieron actuar en distintos escenarios de toda América.

Sus discos, desde la época en que actuó junto a D'Arienzo, ganaron al pueblo hermano de Colombia, quien lo convirtió en ídolo y sus actuaciones en teatros, coliseos y plazas de toros, aún hoy son recordadas con cariño y admiración. Raúl Iriarte, ex cantor de Miguel Caló y próspero empresario en Bogotá, también lo convocó para actuar junto a Juan Carlos GodoyArmando MorenoJorge OrtizOscar Larroca y Roberto Mancini. Su último paso por ese país ocurrió en el año 2001. También actuó en Australia, donde las ciudades de Melbourne y Sydney gozaron con su voz y su estilo inconfundible.

Previamente a todo esto, en abril de 1990, Jorge sufrió un serio accidente automovilístico en el tramo habilitado de la nueva autopista Buenos Aires–La Plata, a la altura de Dock Sur. En este incidente sufre diversas heridas y es llevado al hospital Fiorito para su atención. Le cosen la lengua que había sufrido un corte muy profundo y luego de un largo trabajo de rehabilitación supera el mal trance.

En ese entonces Jorge se mostraba muy desanimado y con deseos de abandonar el canto. Son sus amigos quienes lo alientan a seguir y logran que se someta a nuevos y exigentes ejercicios de reeducación y foniatría. Vuelve a actuar en el Rincón de los Artistas, clásico reducto tanguero ubicado en Álvarez Jonte y Boyacá, pero él siente que ya no es el mismo. Tanto es así que un día al bajar del escenario, molesto por no escucharse bien, le dijo a sus compañeros: «Estoy engañando a la gente. Esto no es lo que yo quiero».

No obstante ello, Jorge continuó con los trabajos de reeducación, hasta lograr colocar nuevamente su voz a la altura de su registro normal, lo cual no le resultó sencillo, pues su estilo le exigía muchísimo esfuerzo. El era un cantante de registro alto y no un “diseur” acostumbrado a musitar las letras. Sus innatas condiciones técnicas y su gran fuerza de voluntad lo ayudaron a dejar atrás el mal trance y reinsertarse en el mundo del canto.

Sin embargo, aquel Jorge Valdez que había superado todas las consecuencias de ese ingrato episodio, no pudo años después, recuperarse de la angustia que le causó el fallecimiento de su esposa Laura y no obstante contar una vez más con el apoyo de sus amigos y el entrañable cariño de su hija, en lugar de luchar, se dejó estar y entró en una profunda depresión.

Continuó actuando en reductos tangueros de Buenos Aires, Mar del Plata y Tucumán, pero ya no era el mismo y así, con su corazón destrozado sentimentalmente, falleció en el Sanatorio Colegiales de la Capital Federal como consecuencia de una afección hepática.

Compuso dos temas, “Por favor no vuelvas” en colaboración con Celso Amato y letra de Raúl Hormaza y “Olvidemos todo” con versos de Santiago Adamini. Ambos temas los grabó con la orquesta de Juan D'Arienzo. Fuente: Todotango.com por Roberto Mancini y  José Pedro Aresi.


OSVALDO PIRO MINON TANGO


Parece salido de un cuento de Roberto Arlt, con su voz cascada, su charla cadenciosa y su pinta noctámbula. Es un personaje con piel de Buenos Aires, imposible de concebir en otra latitud geográfica.

Su bandoneón respira barrio, transmite el perfume de patios con glicinas, sonidos de potrero y de cafés con estaño. Pero también su música nos revela la ciudad de asfalto y cemento, sus calles alborotadas, el ruido de los automóviles, el rumor de los laburantes, el voceo de los vendedores callejeros, el silencio de las plazas.

Es sin duda el más interesante artista surgido de la eclosión musical generada por Piazzolla, no sólo por su estilo interpretativo sino también, por la calidad de su obra como compositor que no es extensa, pero de gran calidad y belleza.

Sus temas “Azulnoche” y “Octubre” demuestran una madurez y una sensibilidad poco frecuentes que sumados al talento orquestal de Osvaldo, adquieren dimensiones mayúsculas.

Nació en un barrio con sabor a tango, La Paternal, el mismo que vio crecer a Fresedo. De muy pequeño se inclinó por el bandoneón haciendo sus primeros estudios con el maestro Félix Cordisco y después con Domingo Mattio, integrante hasta el final de la orquesta de Aníbal Troilo. Durante su adolescencia participó de varios conjuntos barriales y a los quince años debutó con la orquesta de Ricardo Pedevilla.

Al año siguiente ingresa a una de las formaciones paradigmáticas de nuestra música ciudadana, la orquesta de Alfredo Gobbi donde permaneció seis años. En 1964, pasa a la de Fulvio Salamanca por un año y luego arma su propia orquesta.

Y aquí comienza otra historia, la del joven director que se impone ofrecer lo suyo, sin concesiones con todo aquello que no surgiera legítimamente de su compromiso musical.

La flamante orquesta debuta en Radio Belgrano con la voz de Carlos Nogués quien al poco tiempo se va con Héctor Varelapara reemplazar a Argentino Ledesma.

Es invitado a participar en el Festival de Tango de La Falda, en la provincia de Córdoba, y el mismo nos cuenta: «A los organizadores del festival les interesó la juventud de mi orquesta que era prácticamente una orquesta de pibes. Necesitaban un conjunto así para abrir el espectáculo, porque nadie quería ser el primero, ya que allí iban todas las grandes figuras. Y esa orquesta que fue para abrir el escenario, terminó llevándose los aplausos y los premios».

Culmina el año 1965 con su primera producción discográfica para el sello Alanicki, un disco larga duración cuya tapa exhibía una nota de presentación de Aníbal Troilo, su padrino artístico. Del material se destacan: “Disonante” de Julián Plaza y “Enamorado estoy” de Oscar Zito y letra de José Márquez, cantado por Carlos Casado.

Sería arduo hacer el detalle de sus actuaciones en televisión y en los diferentes escenarios donde actuó en esos tiempos, sólo destacar su participación en el programa del peruano Hugo Guerrero Marthineitz, Séptima Noche que se transmitía por el canal 7 y que era seguido por millares de espectadores.

En 1968, logra la Palma de Oro en el Festival de La Falda y también el premio Martín Fierro que otorga la asociación de periodistas a la Revelación Musical del Año de la televisión argentina. Ese mismo año graba dos long plays para la empresa Philips. En el primero figura entre otros, el tango de Pascual Mamone “Negroide”, “Camandulaje” de Alfredo Gobbi y “Será una noche”, esa bella pieza de José Tinelli y Manuel Ferradás Campos, con la voz de Alberto Hidalgo. En el otro, su gran creación “Azulnoche” y “Adios Nonino” de Astor Piazzolla.

El escenario del local Magoya, en la ciudad de Mar del Plata, es testigo de su impresionante éxito acompañando además, con su quinteto, a su flamante esposa, la cantante Susana Rinaldi. Este suceso se repetiría en sucesivas temporadas veraniegas y en el mismo lugar donde también participaron artistas de la talla de Edmundo RiveroAníbal Arias y Osvaldo Avena, entre otros.

Entre fines de los años 70 y principios del 80 son innumerables sus actuaciones en El Viejo Almacén, Caño 14, Michelangelo, en los canales de televisión y las estaciones radiales.

En 1984, viaja a Francia donde actúa en el Festival de Arles en Toulouse y en el hoy legendario ,“Trottoirs de Buenos Aires,” en Paris. Durante su exilio en Europa recorre el continente, actuando en Bélgica, Holanda, Finlandia, Suecia, Italia y Suiza.

Regresa en 1988 e innaugura su propio local San Telmo Tango, donde estrena su conjunto Ensamble 9 con el que graba un compacto para el sello Melopea con el título Romance de Abril, con la participación especial de Julián Plaza en su tango “Sentimental Buenos Aires” y de Eladia Blázquez que canta dos temas compuestos por ella y Piro. El disco trae una nueva versión de su logrado “Octubre” que ya había registrado en dos oportunidades anteriores: la primera en 1978 con su orquesta para la Víctor, la segunda en Francia con su quinteto, para el sello Attack.

Este gran artista es nombrado en 1994 director titular de la Orquesta Nacional de Música Argentina Juan de Dios Filiberto, declarado Ciudadano Ilustre de Buenos Aires en 1996 y premiado por sus pares en 1999, con el premio Mejor Intérprete de la Sociedad de Autores y Compositores.

En 1998, realiza dos importantes actuaciones acompañando al presidente argentino en visitas oficiales: la primera en París donde toca en el anfiteatro de La Sorbona y la otra en Japón, en el Nakarío Sun Plaza Hall de Tokyo.

Durante el gobierno del presidente De la Rúa, se prescinde de sus servicios al frente de la Orquesta Nacional de Música Argentina por su filiación política.

El autor de esta semblanza se siente orgulloso de ser amigo de este gran artista argentino, a quien admira entrañablemente por su talento y con quien comparte la ética y estética de la música, como también, las convicciones ideológicas que devienen de un profundo compromiso militante. Fuente: Todotango.com comentario por Ricardo García Blaya.


OSVALDO PIRO

LAS TARDECITAS DE MINTON'S ADRIAN IAIES TRIO



Adrián Iaies nació en Buenos Aires en 1960, comenzó estudiando con algunos de los más importantes músicos argentinos, entre los cuales merece destacarse su estrecha relación con Manolo Juárez, su maestro de composición y orquestación durante varios años. 
Desde 1985 se dedica a la enseñanza de música, tanto de forma particular como dirigiendo talleres de perfeccionamiento docente.
Ha sido galardonado con varios premios, entre los que podemos destacar el premio Clarín al “mejor músico de jazz del 2002” y al premio Konex de Platino como “mejor músico de jazz” (1995-2005). Además ha sido nominado tres veces a los premios Grammy latinos por sus discos “Las Tardecitas de Minton´s” (2000), “Tango reflections” (2002) y “Las cosas tienen movimiento” (2003).
Musico prolífico, estandarte de la renovación del jazz argentino y de la fusión entre el tango y el jazz que vino despues de Piazzolla. Gran admirador del jazz norteamericano, supo demostrar que también Monk y Evans eran capaces de escribir sentidos tangos.
Adrián Iaies, es un creador y director artístico de SJAZZ, prestigioso sello discográfico independiente que edita y difunde jazz argentino,
Elogiado por las principales revistas especializadas en EEUU y Europa , donde se destaca su particular mirada sobre el tango y otros géneros populares argentinos desde una estética profundamente jazzística.
Es uno de los músicos argentinos de jazz más reconocidos en el mundo, ha participado en festivales internacionales, y ha sido presentado junto a grandes figuras como Ron Carter , Stanley Jordan , Yellowjackets , Lee Konitz , Brad Mehldau , Richard Bona y Bebo Valdés, entre otros.
Paralelamente, Adrián Iaies ha tenido un fuerte acercamiento al cine, su otra gran pasión, componiendo para las películas: “Tres de corazones“, de Sergio Renán, “Regresados”, de Flavio Nardini y Cristian Bernard, y el tema central de “Música Nocturna“, de Rafael Filipelli.
Y con participaciones como actor en “Lifting del corazón” de Eliseo Subiela y “Tango, un giro extraño” de Mercedes García Guevara.
Desde hace algún tiempo, ha reservado su faceta más tanguera para los conciertos con el Tango Reflections Trio y el dúo con Liliana Herrero. Fuente: Pianistasdelmundo.blogspot.com

DISCO 1

DISCO 2

MI BUENOS AIRES QUERIDO BARENBOIM MEDEROS CONSOLE





ANNA SAEKI TANGO CLASICO Y MODERNO


Oriunda de Sapporo, Japón. Reina de belleza"Miss Sapporo"en 1987, debuta como cantante de tango.
Realiza una gira junto a Leopoldo Federico por todo Japón, graba su segundo álbum en Buenos Aires y se presenta en varios medios de comunicación. Realiza una gira junto al Sexteto Tango, y a José Colángelo por Japón. Actriz y presentadora en TV.
Como vocalista de la banda "Orquesta del Sol" canta salsa también y prende el fuego del auge de la música latina en Japón. Inicia conciertos en el exterior: EE.UU., Europa, Sudamérica, en 14 países hasta ahora. Completa una gira mundial todos los años como en La Comedie des Champs-Elysées de París, Carnegie Hall (Zankel Hall) de New York y todo Japón. En esos países la elogian como "gran artista" por su destacado canto e interpretación.
Fue elegida "100 japoneses respetados por el mundo" por News Week Japan(26/10/2005), y premiada en XXV Festival Nacional de Tango La Falda 2008, Córdoba, Argentina, como una de "los 20 destacados que conturibuyeron a la difusión del tango".
Lanza "Yo vengo a ofrecer mi corazón" (2009), gracias al encuentro con Mercedes Sosa quien la introdujo al mundo de la música autóctona argentina. 
Fue invitada por el 200 aniversario de La República Argentina, en el Salón Dorado de la Casa de la Cultura de la ciudad de Buenos Aires, la primera cantante japonesa que dió concierto en aquel salón(2010).
Invitada por la apertura del National Cherry Blossom Festival in WASHINGTON, hizo su segundo live show en BlueNote NEW YORK (marzo 2014). Canta en Zárate, Argentina, como la invitada principal de la 10º Cumbre Mundial del Tango (feb 2015).
Da conciertos para las familias en los cuales puede participar aún un bebé de meses, "Conferencias con mini concierto -SER UNO MISMO" en las universidades y municipalidades; actúa en la película "MI VIDA, mi tango"; es protagonista en el teatro musical "Diario de un ángel" y "Nunca te olvidaré, Nueva York a principios de la primavera"; dirige Radio Anna Café donde festeja el 200 aniversaro en julio 2015). Ahora sigue abriendo nuevos horizontes y desarrollándose.



CARLOS DI SARLI INSTRUMENTAL


Nadie como él supo combinar la cadencia rítmica del tango con una estructura armónica, en apariencia sencilla, pero llena de matices y sutilezas.

No estuvo enrolado en ninguna de las dos vertientes de su época. No fue una orquesta tradicional, al estilo Roberto Firpo o Francisco Canaro. Tampoco un seguidor de la renovación decareana.

Di Sarli impuso un sello propio, un perfil musical diferente que se mantiene inalterable en toda su prolongada trayectoria.

En los comienzos, su sexteto nos revela la influencia de Osvaldo Fresedo. Y es cierto, opino que no hubiera habido un Di Sarli si no hubiese existido un Fresedo. Pero, sólo como antecedente necesario de un estilo que, con el tiempo, se convertiría en un modelo puro, de naturaleza propia y diferenciada.

Fue un pianista talentoso, quizás uno de los más importantes, que dirigió su orquesta desde el instrumento, con el que dominaba la sincronía y la ejecución del conjunto.

En su esquema orquestal no existían los solos de instrumentos, la fila de bandoneones cantaba por momentos la melodía, pero tenía un papel esencialmente rítmico y milonguero. Únicamente el violín se destacaba de un modo extremadamente delicado, en algún solo breve o en un contracanto.

El piano mandaba de una forma sugerente, con un bordoneo que se hizo marca registrada del maestro, encadenando los compases de la obra y acentuando un ritmo delicado y elegante, especial para la danza.

Milonguero viejo (Fresedo)”, el tango que dedicara a Fresedo, su referente y admirado amigo, es curiosamente el lapsus paradójico que retrata su propio modelo musical.

Siendo un niño comenzó a estudiar el piano, orientado a la música clásica. Pero a la edad de 13 años y, para disgusto de su profesor y su padre, emprendió una gira con una compañía de zarzuelas que recorrió varias provincias argentinas, tocando música popular y tangos.

Poco tiempo después debutó como solista en un biógrafo (cine) y en una confitería de la ciudad de Santa Rosa, provincia de La Pampa, ambos de propiedad de un amigo de la familia, Mario Manara un italiano como su padre.

En 1919 arma su primer orquesta para tocar en una confitería de su ciudad natal, Bahía Blanca, principio de su dilatada carrera artística.

En 1923 llega con su hermano Roque Di Sarli a la ciudad de Buenos Aires, allí se vincula con el músico Alberico Spatola, director de la banda de la policía de Buenos Aires y pariente de los Di Sarli, quien lo contacta con el bandoneonista Anselmo Aieta para integrar su conjunto.

Luego pasa a las filas de una formación muy popular que comandaba el violinista Juan Pedro Castillo, El Rey del Pizzicato.

Integró también el trío de Alejandro Scarpino, el consagrado autor del tango “Canaro en París”, y acompañó en las grabaciones para el sello Electra a la actriz y cantante Olinda Bozán, prima de Sofía Bozán.

Después debuta con un sexteto en el Cabaret Chantecler, pero duró poco tiempo a raíz de una pelea con el propietario. Eran épocas duras, había mucha competencia y era muy difícil conseguir trabajo.

A través del violinista José Pécora se vincula con Osvaldo Fresedo y actúa en su orquesta inaugurando el Teatro Fénix del barrio de Flores.

A fines de 1927 forma su primer sexteto con José Pécora y David Abramsky, en los violines; César Ginzo y Tito Landó, en bandoneones y el contrabajo de Adolfo Kraus. Actuó en diferentes confiterías y al año siguiente firma su primer contrato con RCA-Victor, donde inicia su labor el 26 de noviembre de 1928.

En algunas de sus grabaciones contó con las voces de Santiago DevinErnesto Famá y Fernando Díaz, tres excelentes intérpretes a los cuales también acompañó en sus actuaciones radiales.

En esta etapa Di Sarli registró 48 temas, partiendo con los tangos “T.B.C.” y “La guitarrita”, para finalizar el 14 de agosto de 1931 con “Una noche de garufa” y “Maldita” con la voz de Ernesto Famá.

En 1932. se incorpora a la orquesta Antonio Rodríguez Lesendequien fuera su primer cantor estable.

Pocos años después y por motivos no fehacientemente conocidos, se aleja de su orquesta y parte rumbo a Rosario, provincia de Santa Fe donde participa de un pequeño conjunto con el bandoneonista Juan Cambareri. Mientras tanto el sexteto continuó actuando sin Di Sarli pero manteniendo su nombre. Luego a raíz de las actuaciones en la Confitería Novelty pasaría a llamarse Orquesta Novel. En 1935 es solicitado por sus ex compañeros para integrarse a esta formación, pero solamente para reemplazar al pianista Ricardo Canataro que estaba enfermo.

Recién a fines de 1938 comienza a organizar nuevamente su orquesta que debutará en Radio El Mundo en enero de 1939, conformada de la siguiente manera: piano y dirección Carlos Di Sarli; los violines de Roberto Guisado, Ángel Goicoechea y Adolfo Pérez; en bandoneones Roberto Gyanitelli, Domingo Sánchez y Roberto Mititieri; y Domingo Capurro en el contrabajo; el cantor era Ignacio Murillo, luego reemplazado por Roberto Rufino.

E1 11 de diciembre de 1939, vuelve a los estudios de grabación en el sello Victor, con los tangos “Corazón” , cantado por Roberto Rufino y “El retirao”.

Es su etapa de gloria, el rubro Di Sarli-Rufino constituye una página de oro de nuestro tango. Su registro de “Tristeza marina” es formidable. Luego se incorporarán sucesivamente los cantores Carlos Acuña, por muy breve tiempo, Alberto PodestáJorge Durán y Oscar Serpa.

El éxito de Di Sarli es apoteósico y genera una adhesión popular que no lo abandonara hasta su muerte. Pese a ser un músico fogueado en la década anterior, los años cuarenta lo encuentran en la plenitud de su arte como director y compositor.

A partir de 1949 Di Sarli se retira nuevamente por razones comerciales, para volver recién en 1951.

Graba para el sello Music Hall desde noviembre de 1951 hasta abril de 1953 dejando registrados 84 temas y contando con las voces de Oscar Serpa y Mario Pomar.

En junio de 1954 retorna al sello Victor, hasta 1958 siendo sus vocalistas Mario PomarOscar SerpaArgentino LedesmaRodolfo GaléRoberto Florio y el regreso de Jorge Durán.

Sus últimos registros discográficos, 14 en total, fueron para el sello Philips en el año 1958 y sus cantores fueron Horacio Casares y Jorge Durán.

El primer tango que compuso fue “Meditación”, allá por 1919, pero nunca lo grabó. Del resto de su obra se destacan sin duda, “Milonguero viejo (Fresedo)”, “Bahía Blanca”, “Nido gaucho”, “Verdemar” y “Otra vez carnaval”, verdaderas joyas del género.

El Señor del Tango fue absolutamente respetuoso de la melodía y el espíritu de los compositores de su repertorio, adornando de matices y sutiles detalles la instrumentación orquestal, apartándose de la falsa contradicción que existía entre el tango evocativo tradicional y la corriente vanguardista.

Carlos Di Sarli fue la pieza final del rompecabezas del tango del '40, que no hizo concesiones a las estridencias, ni a las extravagancias rítmicas y que, sin embargo representó con extrema delicadeza, el paradigma interpretativo del tango milonguero.         Fuente: Todotango.com comentario por Ricardo García Blaya.


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