HECTOR MAURÉ Y SU CONJUNTO GRANDES ÉXITOS





Su más importante investigador, Eduardo Visconti, define así su estilo y su voz: «Su línea interpretativa era dramática y al mismo tiempo melódica. Una voz particular, de registro barítono atenorado, agradable timbre y clara dicción, voz potente, melodiosa y afinada, de corte gardeliano».

Nació en el barrio de Palermo. Hijo de descendiente de italianos, su padre fue agente de policía, primero, y después obrero en una fábrica de mosaicos. Su madre era gallega, de Lugo, y era la encargada de la casa donde vivían. Tuvo una hermana menor que también incursionó en el canto, utilizando el seudónimo de Diana Rey y luego, como bolerista en la orquesta de Don Fabián, como Alba Morena.

El colegio duró lo necesario, a los 17 años tuvo que comenzar a trabajar en un taller mecánico de automóviles. En ese tiempo se manifiestan sus inclinaciones hacia dos disciplinas diametralmente opuestas, el boxeo y el canto. Tenía un físico llamativo y le gustaban los deportes. Los guantes los practicaba en el Boxing Club Colegiales, que quedaba muy cerca de su casa.

Desde 1933 a 1937, los pocos pesos que ganaba los hizo boxeando, hasta que un golpe lo hizo abandonar la actividad para dedicarse solamente el canto.

En 1936, por gestión de unos amigos, se presentó en el café Río De La Plata, que quedaba frente al monumento al Cid Campeador, en la esquina de las avenidas Ángel Gallardo y Honorio Pueyrredón. Allí debutó usando el nombre Tito Falivene y estuvo actuando durante tres meses. Posteriormente cantó en un festival, que se desarrolló en el cine Argentino del barrio de Palermo, acompañado por las guitarras de Osvaldo Avena, Pablo Rechia y Antonio Ianigro.

En 1937, tiene la suerte de ser acompañado por la orquesta de Anselmo Aieta, en un local dentro de la Exposición Rural, en el predio que actualmente existe frente a Plaza Italia en Palermo.

En ese mismo año, continúa su carrera con la Orquesta Característica Porteña, dirigida por Dante Liguori. Al poco tiempo, participa del segundo concurso auspiciado por el jabón Puloil, que se desarrollaba en Radio Belgrano y tenía 5000 inscriptos, de los cuales se seleccionaban las diez voces nuevas del año 1938. El concurso anterior lo había ganado el cantor Hugo Gutiérrez, siendo el segundo premio para Andrés Falgás.

La elección se definía con el voto de los oyentes que superaron los 200.000. A los participantes los acompañaban la orquesta de Juan Canaro y las guitarras de Vila, Ciaccio y Cortese.

Nuestro joven aspirante se presentó como Vicente Falivene y cantó dos tangos: “Lo han visto con otra” y “Confesión”; finalmente resultó ganador. El premio consistía en seis meses de actuación a 500 pesos por mes.

Como dato curioso, del resto de los seleccionados, sólo podemos destacar a Chola Luna y en un plano menor a Laurita Esquivel. El resto no trascendió.

Comenzó a estudiar y vocalizar en el conservatorio que había instalado Gabriel Clausi, (El Chula), luego en la academia de los hermanos Rubistein. Hasta el año 1940 actúa en varias emisoras y luego se emplea en la bodega La Superiora. En ese momento, disminuyen sus actuaciones por un breve período, donde podemos destacar su actuación, durante 15 días, junto a la orquesta de Alberto Pugliese (hermano de Osvaldo).

A raíz del retiro del cantor Carlos Casares de la orquesta de Juan D'Arienzo, el director inicia una búsqueda para su reemplazo. La prueba se hizo en la sala B de Radio El Mundo, donde concurrieron numerosos aspirantes. Casi al final, le tocó el turno a nuestro cantor y, acompañado al piano por Fulvio Salamanca, ya cansado de tanto trajín, cantó el tango de Pedro Maffia y Celedonio Flores La mariposa”. Fulvio cansado al escucharlo se reanimó y miró hacia arriba, donde estaba D'Arienzo, entonces alentó al muchacho: «¡Dale pibe, que ya te compraste al maestro!»

Como era de suponer, el debut se produciría en el reducto habitual del director, el cabaret Chantecler. En esa oportunidad comienza a utilizar su nombre artístico, Héctor, por Héctor Varela, primer bandoneón y arreglador de la orquesta y Mauré, pensando en la esposa de D'Arienzo, que se apellidaba Maure, sólo le agregó el acento.

El 12 de diciembre de 1940, hace su debut en el disco con el vals de Juan Carlos Graviz “Flor de mal”, del otro lado “Esclavas blancas” de Horacio Pettorossi, cantado por Alberto Reynal. Su última grabación con D'Arienzo fue el 21 de julio de 1944, con el tango “Amarras” (de Carlos Marchisio y Carmelo Santiago), fueron en total 50 registros.

El 1 de enero de 1945, comienza su labor como solista, actuando en Radio Belgrano, con orquesta propia dirigida por el bandoneonista Alberto Cima. También actuó con los conjuntos de guitarras de José Canet y de Roberto Grela.

Su éxito era muy grande y prácticamente no hubo día que no tuviera trabajo, se presentó en todos los pueblos y también en Uruguay. A fines de 1949 es tentado por Juan Canaro y se embarca rumbo a Francia. Pero las desavenencias con el director llegaron antes que el debut. Regresó frustrado, pero con el saldo positivo de haber tomado unas clases con Andrés Huc Santana, que era el primer bajo de la Opera de París.

Se casó en 1953 con Susana Esther Bassini. Vivió en nuestra capital y unos años más tarde adquirió su casa propia en la ciudad de Ituzaingó (a unos 22 kilómetros del centro de Buenos Aires). Fue padre de tres hijas.

En septiembre de 1955, a raíz de la caída del gobierno del General Perón, del cual era adherente, fue marginado de todas las radios.

En 1960, comienza lentamente a desaparecer el tango de la radio y la televisión, las empresas son tentadas a dar paso a nuevos ritmos. De tantos sitios donde Mauré se presentó en ese entonces debemos recordar El Rincón de los Artistas de los hermanos Forastieri, reducto que defendió hasta las últimas consecuencias la difusión del tango y, donde además, Héctor Mauré debutara el 7 de noviembre de 1965 y fuera artista exclusivo hasta el 9 de mayo de 1976.

Tres días más tarde, imprevistamente, en su casa, un infarto al miocardio ponía fin a su existencia.

Dejó 293 grabaciones para los sellos Víctor, Orfeo, Columbia y Music Hall.

Además de los músicos ya mencionados, fue acompañado por las orquestas de Carlos DemaríaJuan Sánchez GorioHéctor VarelaLito EscarsoJorge DragoneLeopoldo Federico y también un conjunto propio dirigido por Pascual Elía. En muchos casos ni figuraba el nombre de la orquesta en el disco, tal el caso de Héctor Varela que lo acompañó con un sexteto.

Como autor y compositor registró en SADAIC 26 temas, uno de ellos, el tango “Oro y diamantes”, fue grabado por Juan D'Arienzo.

Como dato simpático y curioso, recordemos que su primer representante artístico fue el famoso comediante Fidel Pintos.

Sus interpretaciones de los tangos “Amarras”, “Cicatrices” y “Cosas olvidadas” están impresas en la antología del mejor tango, por su voz cálida, su espíritu gardeliano y su impronta de porteño cabal.

El autor consultó el libro Héctor Mauré. Cronología de su vida y trayectoria artística, de Eduardo Visconti, Editorial Corregidor, Buenos Aires 1993. Fuente todotango.com comentario de Néstor Pinsón.



HOT TANGO ENGANCHADOS PARA BAILAR



HOT  

TRIBUTO A ENRIQUE SANTOS DISCEPOLO




Hace unos años, en su ensayo Les Assassins de la Mémoire —un agudo estudio sobre el revisionismo neonazi en la Europa contemporánea—, el escritor francés Pierre Vidal-Naquet reprodujo la letra de “Cambalache”, el tango emblemático de Enrique Santos Discépolo. ¿Una cita descabellada? ¿Acaso un rasgo de exotismo de un intelectual en busca de oxígeno fuera del ámbito de la cultura europea? Según lo confesaría el autor, Discépolo cayó en sus manos a través de unos amigos latinoamericanos. Y él decidió incluirlo en un libro que nada tenía que ver con el tango. La imagen del cambalache como escenario del azar insolente, de la confusión de valores y la desacralización le pareció la más adecuada para sellar su texto de denuncia.

No fue aquella la primera vez que la obra de Discépolo despertó interés en el campo del pensamiento. El español Camilo José Cela lo incluyó entre sus poetas populares preferidos y Ernesto Sábato no ha dudado en identificarse con la filosofía pesimista de quien supo escribir en “Qué vachaché”: «El verdadero amor se ahogó en la sopa». Muchos años antes de estas reivindicaciones, los poetas lunfardos Dante Linyera y Carlos de la Púa definieron a Discépolo como a un autor con filosofía. Otro escriba de Buenos Aires, Julián Centeya, al reseñar unos de sus filmes, habló de «filosofía en moneditas», a la vez que arriesgaba una analogía —sin duda desmedida— entre Discépolo y... Carlitos Chaplin.

A diferencia de otros creadores populares que desplegaron su talento de modo instintivo y un tanto naif, para luego ser reivindicados por futuros exégetas, Discépolo fue siempre consciente de sus aportes. Podría incluso asegurarse que toda su producción artística está articulada por estilo común, un cierto aire o espíritu discepoliano que la gente reconoce inmediatamente, con afecto y admiración, como si su obra —más de una vez definida como profética— expresara el sentido común de los argentinos. La singularidad de Discépolo sigue inquietando, tanto dentro como fuera del universo del tango. Mientras la mayoría de sus coetáneos hoy suena extraña para las nuevas generaciones, el hombre que escribió y compuso “Cambalache” persiste, está vigente. O para decirlo con una de sus imágenes preferidas: sigue mordiendo.

Enrique se formó viendo teatro de la mano de su hermano Armando, el gran dramaturgo del grotesco rioplatense, y poco después se sintió atraído por las artes populares. Llegó al tango después de haber probado, con suerte dispar, la autoría teatral y la actuación. En 1917, debutó como actor, al lado de Roberto Casaux, un capo cómico de la época, y un año más tarde firmó junto a un amigo la pieza Los Duendes, mal tratada por la crítica. Luego levantó la puntería con El Señor Cura (adaptación de un cuento de Maupassant), Día Feriado, El Hombre Solo, Páselo Cabo y, sobre todo, El Organito, feroz pintura social bosquejada junto a su hermano, al promediar los años 20. Como actor, Discépolo evolucionó de comparsa a nombre de reparto, y se recordaría con entusiasmo su trabajo en Mustafá, entre muchos otros estrenos.

Si bien los mundos del teatro y el tango no estaban divorciados en la Argentina de Yrigoyen y Gardel, la decisión de Discépolo de convertirse en un autor de canciones populares fue resistida por el hermano mayor —Armando se había hecho cargo de la educación de Enrique después de la temprana muerte de los padres—, y no puede decirse que las cosas le hayan sido fáciles al debilucho y tímido Discepolín. Una tibia influencia familiar (Santo, el padre, fue un destacado músico napolitano establecido en Buenos Aires) puede haber sido una primera señal hacia el arte combinado de la organización sonora y la letrística, pero la revelación no fue inmediata. Por el contrario, tanto el insípido “Bizcochito”, su primera composición hecha a pedido del dramaturgo Saldías, como el notable y revulsivo “Qué vachaché”, editado por Julio Korn en 1926 y estrenado en un teatro de Montevideo bajo una lluvia de silbidos, fueron un mal comienzo, o al menos eso se creyó en el Buenos Aires que aclamaba los tangos de Manuel RomeroCeledonio Flores y Pascual Contursi.

La suerte del obstinado autor cambió en 1928, cuando la cancionista Azucena Maizani cantó en un teatro de revistas“Esta noche me emborracho”, un tango de ribetes horacianos (por el Horacio de las Odas) y tópico netamente rioplatense: aquella vieja cabaretera que el tiempo trató con impiedad. Días después del estreno, los versos de aquel tango circularon por todo el país. Los músicos argentinos de gira por Europa lo incluyeron en sus repertorios, y en la España de Alfonso XIII la composición gozó de gran popularidad. Había nacido el Discépolo del tango. Ese mismo año, la actriz y cantante Tita Merello retomó el antes denostado “Que vachaché” y lo puso a la altura de “Esta noche me emborracho”. Finalmente, 1928 sería el año del amor para un intelectual cargado de inseguridades. Tania, una cupletista española radicada en Buenos Aires que se revelaría como una muy adecuada intérprete de sus tangos, acompañaría a Discépolo el resto de su vida.

En una época en la que la autoría y la composición estaban claramente diferenciadas en el marco de las industrias culturales, Discépolo escribía letra y música, aunque esta última era imaginada con apenas dos dedos sobre el piano, para luego ser llevada al pentagrama por algún músico amigo (generalmente Lalo Scalise). Esta capacidad doble le permitió a Discépolo trabajar cada tango como una unidad perfecta de letra y música. Con un agudísimo sentido del ritmo y de la progresión dramática, con un gusto melódico impecable (Carlos de la Púa lo definió como un Pulgarcito Filarmónico), Discépolo se las ingenió para hacer de sus breves y muchas veces violentas historias una auténtica comedia humana rioplatense. Abandonó gran parte de la influencia modernista que hacía estragos en otros letristas (Rubén Darío fue el héroe literario de cientos de poetas argentinos, durante muchos años) y tradujo al formato menor de la canción, ciertas ideas dominantes de la época: el grotesco teatral, el idealismo crociano, el extrañamiento pirandelliano.

La proliferación de ideas en cada letra hallaba en el humor socarrón y en el lirismo de la música un cierto equilibro, una compensación sensorial, un modo de decir cosas en y a través del tango. Ningún otro autor llegaría tan lejos.

Desde luego, el hecho de que Carlos Gardel grabara casi todos sus primeros tangos ayudó en gran medida a la difusión y legitimación de Discépolo como autor y compositor de un género lleno de autores y compositores. En ese sentido, la versión gardeliana del 10 de octubre de 1930 de “Yira yira” figura entre los grandes momentos de la música argentina. La intensidad de la grabación, en la que no hubo recursos teatrales especiales y el cantante evitó todo énfasis innecesario, está dada por la inmediatez de la expresión gardeliana. No hay preámbulos instrumentales que familiaricen al oyente con el material, más allá de una apretada introducción de los guitarristas que exponen el estribillo con los trémolos y fraseos de bordonas típicos de los acompañamientos de la época. La línea melódica, con sencillez engañosa irrumpe de golpe, con una fuerza que excluye la queja.

Yira yira” fue escuchado e interpretado como una denuncia cargada de escepticismo. El militante ridiculizado en “Que vachaché” vuelve a la carga, pero esta vez respaldado por una crisis material profunda. Ahora, el engrupido que se resistía a creer que «el verdadero amor se ahogó en la sopa» ocupa el lugar de la voz cínica. Los principios han sido trocados por la realidad. Es el triunfo del descrédito, pero ya sin el cinismo —y mucho menos el grotesco— de unos años antes. El personaje de “Yira yira” confió en el mundo, y este lo defraudó. Como en otros tangos de Discépolo, la letra cuenta una caída, un desalmado amanecer: ya no hay espacio para el engaño y la impostura. (Desde esta perspectiva, no están del todo equivocados quienes han visto en Discépolo a un moralista decepcionado por la modernidad, aunque tal vez sea mucho más que eso).

La línea que empieza con “Qué vachaché” y madura en “Yira yira” se continúa en los tangos “Qué sapa señor”" y, en 1935, “Cambalache”. Pero no es este el único estilo del arte compositivo de Discépolo. Este supo ser romántico en el vals “Sueño de juventud”, burlón en tangos cómicos como “Justo el 31” y “Chorra”, expresionista en “Soy un arlequín” y “Quién más quién menos”, pasional en “Confesión” y “Canción desesperada” y un tanto nostálgico y elegíaco en “Uno” y “Cafetín de Buenos Aires”, ambas creaciones escritas conjuntamente con Mariano Mores. No fue tan prolífico como Enrique Cadícamo, y una parte considerable de sus creaciones carece de interés. Es indudable que la variedad musical de Discépolo tuvo que ver con sus inquietudes teatrales y cinematográficas. Su puesta de Wunder Bar y sus películas más conocidas —Cuatro CorazonesEn la Luz de una Estrella— dieron a conocer canciones —algunas casi olvidadas— que el director y actor escribió con su sentido programático.

Enrique Santos Discépolo nació en el barrio porteño del Once, y murió en el departamento céntrico que compartía con Tania. Su compromiso con el peronismo, hecho público a través de su breve y fulminante participación en un discutido programa de radio, lo distanció de varios de sus viejos amigos. Dos años después de su muerte, cuando las trincheras políticas ya no lo necesitaban pero varios de sus tangos seguían golpeando en la conciencia colectiva, Discépolo fue recordado por el escritor Nicolás Olivari en una nota memorable. Allí Olivari aseguraba que el autor de “Yira yira” había sido el perno del humorismo porteño, engrasado por la angustia. En cierto modo, aquella era una definición discepoliana.
Sergio A. Pujol es historiador y crítico musical. Entre otros libros, publicó Discépolo. Una Biografía Argentina (Emecé, 1997). Fuente todotango.com


DISCEPOLO

BOQUITAS PINTADAS TANGO




OSCAR ALONSO LEJOS DE BUENOS AIRES






Habrá sido por 1940 que tuve con él una breve relación de amistad. Nos juntábamos a tomar unas copas él y un café yo. Era en un bar que estaba en la esquina de Corrientes y Callao (Hoy librería Zival's). Dos cosas recuerdo claramente: la primera, cuando me cantaba bajito el nuevo tema que andaba masticando y te juro que me conmovía, creía estar escuchando a Gardel. La otra, cuando me confiaba que le gustaba el whisky y como se le secaba la boca mientras dormía, se iba a la cama con un sifón y un vaso». Esto me lo contó un amigo del ambiente radial.

En su notable novela Don Segundo Sombra, su autor, Ricardo Güiraldes, escribe una larga dedicatoria a los personajes de la vida real que inspiraron su obra y, entre otras citas, «a mis amigos domadores y reseros» y, entre estos últimos se refiere a once nombres, uno de ellos es Pedro Brandán. Este resero estaba casado con una joven de apellido Muñoz y con la que tuvo 9 hijos, el segundo de los cuales resultó nuestro cantor.

En 1926, la familia se traslada a Buenos Aires, a la capital, y apenas dos años más tarde, ya metido en el canto, debuta en un café de Lavalle y Esmeralda, y alguien ha dicho que su primera interpretación fue “La última copa”. Era entonces Carlos Brandán. En 1929 llega a la radio La Voz Del Aire, para cantar acompañado por el trío de Vicente Fiorentino, allí también interviene en algunos radioteatros.

En 1932, se sube al mítico palquito del café Nacional, en la entonces calle Corrientes al 900. Lo acompañó la orquesta de Anselmo Aieta. Y han contado que cuando, al año siguiente, Gardel actuó por última vez en nuestro país, justamente en el teatro que estaba al lado, reparó en su canto y según testimonio de Alberto Vaccarezza pidió conocerlo y cuando esto ocurrió le vaticinó el mejor futuro. Había reparado en su registro de barítono y su recia interpretación provista de dramatismo. Está Oscar Alonso entre los contados cantores netamente de corte gardeliano.

Con lo orquesta de Aieta también actuó en el viejo teatro San Martín en funciones que se transmitían por radio. Y, retornando a este medio, fue Juan Canaro quien lo presentó al propietario de Radio Prieto. Fue el director artístico de la emisora quien lo rebautiza Oscar Alonso. (Respecto de esta persona, algunas notas lo nombran Eloy Álvarez, un actor cinematográfico de reparto en numerosas películas e incluso premiado por una de sus actuaciones, pero es posible que se trate de un error y aquel director fuera Eloy Fernández, según mi reportaje directo al cantor). En Prieto cumplió un par de etapas, en la que se extendió por los años 1938/1939 y compartió un programa con Hugo Del Carril y cuando uno cantaba un tango el otro atacaba con un tema criollo. De 1939 a 1941 intervino en el teatro Liceo en la obra Boite rusa con los actores José Olarra, Pierina Dealessi, entre otros.

Siempre fue cantor solista, con extensas giras por América, como aquella que larga en Chile en 1945 y se extendió hasta Cuba donde estuvo largo tiempo, a punto de declarar que luego del suyo era el país que más amaba. Tuvo también permanentes actuaciones por los barrios y ciudades cercanas a Buenos Aires, pero él recordaba especialmente veinticinco actuaciones continuas a sala llena, en el cine 25 de Mayo del barrio de Villa Urquiza.

Su carrera fue discontinua, tuvo etapas sin actuar y cuestiones personales lo llevaron a una carrera discográfica con grandes claros.

Debutó con “San José de Flores” y “Llueve [b]” en el año 1936, acompañado por guitarristas diversos, entre ellos José Canet y circunstancialmente, por las orquestas de Argentino Galván, la estupenda etapa con Héctor Artola y la final con Carlos García. Con este último registra muchos temas que fueron editados en cuatro larga duración, por los sellos Odeon y Varieté, que también pertenecía a Odeon.

En su discografía hay temas curiosos como los “Versos de un payador al General Juan Perón” y “Versos de un payador a la señora Eva Perón”, ya registrados por Hugo Del Carril. También aquel titulado con el nombre del asesinado sindicalista Augusto Vandor y aquellos dos: “San Isidro” y “Seguí como sos”, compuestos por Alberto Caroprese y Miguel Grosso, con letra de Melchor Posse (luego intendente de la ciudad de San Isidro).

Varios autores le cedieron temas para que fueran estrenados por él: “La abandoné y no sabía”, “Por el camino adelante”, “Barrio pobre” y otros. Y fue autor de un par de temas: “Yo no quiero que le escribas” y “Tardecita de campo”.

Intervino fugazmente en algunas películas sin trascendencia. Pero su figura aparece en dos cortos de los varios que fueron producidos por el noticiero semanal Sucesos argentinos y de los cuales la mayoría se han extraviado. En el primero de ellos se ofrece el tango, “Que nunca me falte” y en el otro, una muy curiosa versión de “Senda florida”, con la orquesta de Juan Polito y la intervención de Carlos Roldán y Chola Luna quienes, junto a Oscar Alonso, cantan por separado un fragmento cada uno.

El film Mi noche triste de Lucas Demare, estrenado en enero de 1952, con argumento inspirado con mucha fantasía en el gran letrista Pascual Contursi, termina con una escena final donde se escucha en off, la voz de Alonso cantando el tango que da título al film.

En un reportaje, le pregunté a Troilo su opinión sobre Alonso y los cantantes en general y esto respondió: «Alonso fue el más grande cantor de tangos después de Gardel, sin ninguna duda, anótelo nomás Pinsón».



TANGOS FROM LA BOCA FOR EXPORT



LA BOCA 👄👈

ASTOR PIAZZOLLA TANGO PARA UNA CIUDAD






Related Posts with Thumbnails

Los Tangos

Ada Falcon (3) Adolfo García Grau (3) Adriana Varela (15) Agustin Magaldi (11) Alas (1) ALBERTO (1) Alberto Callas (1) Alberto Castillo (7) Alberto Cortez (1) Alberto Di Paulo (2) Alberto Echague Armando Laborde (1) Alberto Marino (9) Alberto Morales (1) Alberto Moran (3) Alfredo Gobbi (3) Alfredo Sadel (1) Amelita Baltar (2) Angel D'Agostino (8) Angel Vargas (11) Anibal Arias (3) anibal arias y osvaldo montes (3) Aníbal Troilo (50) Anna Saeki (1) Argentino Ledesma (4) Armando Pontier (5) Atilio Stampone (1) AUBADE (1) Azucena Maizani (4) Bermúdez (1) Cacho Castaña (5) Carlos Barral (1) Carlos Dante Oscar Larroca (1) Carlos Di Sarli (17) Carlos Garcia (2) Carlos Gardel (28) Celedonio Flores (1) Charles Aznavour (1) Charlo (4) CHE TANGO (4) Chico Novarro (1) Chill Sessions (3) Colacho Valder (1) Color Tango (3) Cuarteto Guardia Vieja (2) D.J. Tango (1) D.J.TANGO (1) Darienzo (27) De Angelis (39) deAtropellada (2) Diego Cigala (2) Discepolo (7) Domingo Federico (1) Edmundo Rivero (18) Eduardo del Piano Armando Lavaca (2) El arranque (1) El club del clan (1) Electrotango (61) Elsa Rivas (2) Emilio Balcarce (1) Enrique Campos (1) Enrique Dumas (2) Enrique Rodriguez (11) Ernesto Baffa (9) Fedel y Agri (1) Federico Berlingieri (2) Fernando Soler (2) Fleurs Noires (1) Florindo Sassone (1) Francini Pontier (1) Francisco Canaro (9) Francisco Fiorentino (4) Francisco Rotundo (3) Fugazot Demare (1) Gabriel Chula Clausi (1) gorio (1) GOTAN PROJECT (2) Goyeneche (36) Graciela Ottavis varios (1) Guillermo Fernandez (1) Hector Maure (5) Hector Varela (4) Horacio Salgan (11) Hugo del Carril (8) Hugo Díaz (2) Hugo Duval (3) Ignacio Corsini (3) Irusta (1) Iva Zanicchi (1) JORGE ARDUH (1) Jorge Falcon (2) Jorge Ortiz (2) Jorge Sobral (5) Jorge Valdez (6) Jorge Vidal (7) Jose Basso (11) Juan Gorio (1) Juan Maglio Pacho (1) Julian Plaza (4) Julio de Caro (1) Julio Sosa (44) Kreimer (1) Leopoldo Federico (3) Libertad Lamarque (11) Lucho Gatica (4) Lucio Demare (7) Luis Borda (1) Maria Estela Monti (1) María Graña (1) Maria Mentana (2) Mariano Leyes (5) Mariano Mores (12) Mario Bustos (1) Mercedes Simone (1) Mercedes Sosa (4) Miguel Calo (11) Morgado (7) Natalio Tursi (1) Nelly Omar (8) Neotango (1) Nina Miranda (1) NO ES TANGO (4) Orquesta del Tango (1) Orquesta Tipica de Buenos Aires (3) Oscar Alonso (2) Oscar Larroca (3) Osmar Maderna (2) Osvaldo Fresedo (12) Osvaldo Piro (2) Osvaldo Pugliese (13) Osvaldo Requena (1) Pedro Laurenz (9) Pedro Maffia (3) Piazzolla (75) Piero Trombetta (1) Placido Domingo Tango (1) Podestá (2) Poetas del Tango (69) Quinteto Pirincho (3) Raul Lavié (3) republicacion (5) Republicación (446) Ricardo Tanturi (14) Roberto Firpo (3) Roberto Grela (3) Roberto Rufino (3) Rodolfo Biagi (7) Rodolfo Lesica (1) Rodolfo Mederos (1) Rosanna Falasca (3) Rosita Quiroga (1) Ruben Juarez (27) Ryota Komatsu (1) San Telmo Lounge (3) Sebastian Pecznik (1) Seleccion Nacional de Tango (1) Sergio Denis (1) Sexteto Mayor (12) sexteto milonguero (2) Sexteto Tango (3) Susana Rinaldi (12) Susy Leiva (2) Tango Beatles (2) Tango Bolero (1) Tango Bossa (1) Tango Brasil (1) Tango Chileno (1) Tango Chill Out (7) Tango Femenino - VA (24) Tango Finlandes (4) Tango Flamenco (1) Tango Greco (3) Tango Guitarras (1) Tango Japan (16) Tango Jazz (3) Tango Karaoke (2) Tango Loungue (2) Tango Mexico (1) Tango Quatro (1) Tango Soundtrack (2) Tango Stones (2) Tango Sueco (2) TANGOS INOLVIDABLES (10) TANGOS INSTRUMENTALES (1) Tarantino y Berlingieri (1) Tita Merello (3) Ubaldo de Lío (3) vacaciones (2) Varios (137) Versiones Radiales Ineditas (1) Videos (1) Virgilio Exposito (1) Virginia Luque (2) YO YO MA (1)