AGUSTIN BARDI VALE TANGO

 

1. C.T.V.
2. Lorenzo
3. Tiernamente
4. La Racha
5. El Baqueano
6. Siempre Los Dos
7. El Taura
8. El Abrojo
9. Nunca Tuvo Novio
10. Gallo Ciego
11. Independiente Club
12. Cachada
13. Tierrita
14. Un Baile En La Embajada

Andres Linetzky: Piano
Federico Pereiro: Bandoneon
Nicolas Capsitski: Bandoneon
Humberto Ridolfi: Violin
Rosa Ridolfi: Violin
Nicolas Zacarias: Contrabajo
Esteban Riera: Voz (3, 6, 12)
Invitados Ariel Ardil: Voz (9)
Y Otros Musicos

Nació en la localidad bonaerense de Las Flores y cursó estudios primarios hasta el tercer grado, luego continuó aprendiendo solo y merced a su vocación musical un tío le enseñó rudimentos de guitarra. Esa aptitud musical se rem


Acerca de sus comienzos, Héctor y Luis Bates refieren: «Carnaval perdona todo; durante las fiestas de Momo todo se permite... ¡hasta que un chiquilín de ocho años integre la orquesta de Los Artesanos, remedando en la guitarra el arte insuperable de los maestros de la época! Así empezó Agustín Bardi su carrera artística.»

Señalemos que Los Artesanos de Barracas constituían una famosa agrupación carnavalesca en la cual Agustín fue mascota.

Colaboró desde muy joven en el sostén del hogar, ingresando en una empresa ubicada en la calle Bolívar, La Cargadora, de la que llegaría con el correr del tiempo a desempeñarse como gerente.

Estas obligaciones sin perjuicio de cumplir estudios de violín y piano, estos últimos —ya padre de familia— los complementó con el sacerdote Spadavecchia.

Ya residía en Barracas y comenzó a relacionarse con otros músicos, actuando en diversos locales de la barriada.

Según los autores de La historia del tango, debutó como violinista junto a Genaro Espósito (El Tano, bandoneón) y José Camarano (El Tuerto. guitarra): «Trío entonces muy solicitado que comenzó a difundir sus primeras composiciones. Data de 1912 “Vicentito”, el primer tango que hizo y que fue escrito por Macchi, pues Bardi aún no escribía música.»

Finalmente optó por el piano, instrumento que se avenía más a sus preferencias.

Posteriormente se presentó en el famoso Armenonville y en el salón del Centro de Almaceneros de la calle Luis Sáenz Peña, junto con Samuel Castriota con quien, entre otros, actuaron largos años en el mismo.

Desde su juventud le unió proverbial amistad con los hermanos Greco; inspirándole admiración sincera el autor de “El jagüel”, Carlos Posadas.

Procuraremos trazar en breves líneas la personalidad musical que dentro de sí contenía Bardi. En su alma bullían melodías que solo tras exhaustivo análisis llevaba a la partitura.

Riguroso autocrítico de su labor, no cedía un ápice en cuanto al perfeccionamiento de la misma. Cual novel ejecutante se ubicaba diariamente un par de horas junto al piano; de sus ágiles manos surgían escalas y ejercicios de digitación, abstraído de cuanto le rodeaba. Le deleitaban, por su modulación, los valses de Waldteufel.

Ya en su edad madura emanaba de su cabeza cierto aire profesoral, distaba de poseer espíritu risueño y comunicativo. No nos lleve a suponerle un resentido, ni menos un misántropo. La vida le impuso temprana y constante lucha, debió enfrentar ocasiones adversas y los recursos eran magros. Laborioso y resuelto, veló por los suyos y aún dispuso de tiempo para satisfacer su vocación. No le brindó holgura material su obra musical, acaso ello no le preocupara, pues en definitiva fue un creador que con indoblegable tesón deseaba aprender y acrecentar su saber.

Podemos definirle como músico hasta la fibra más honda e idealista sincero, cuya prematura desaparición le impidió su firme propósito de dedicarse a componer repertorio melódico.¿Supondría exhausta su inspiración para el tango quien nos ofreciera títulos inolvidables?

No precisamente, más bien asociamos que el compositor se hallaba maduro para exhibir los amplios y dúctiles recursos musicales que albergaba en sí.

Su hijo, el profesor Carlos Bardi músico capacitado que desarrolló tareas docentes al frente de conservatorio propio, nos evoca a su padre quien encauzó el despertar de su vocación:

«En no pocas ocasiones escuché a mi padre ejecutar al piano un tango aún no llevado a la partitura y surgido en rapto de espontánea inspiración. Mis conocimientos me permitían juzgarlo técnicamente. “Creo que es magnífico, papá. ¡Escríbelo! Mejor... si deseas lo haré yo mismo”. No demoraba su pausada respuesta: «Hijo, esta mañana mientras arreglaba el jardín bailaban estos compases en mi cabeza. El piano está a mano, y ya ves... no creo que sea para tanto». Encendía un Particulares, que fueron sus predilectos, en tanto fumaba despaciosamente bailoteaba con un solo dedo sobre el teclado.»

En 1935 se retiró de La Cargadora, pasando a desempeñarse en la firma Pampa, casa de rollos para pianola ubicada en Barracas. Similar actividad cumplió posteriormente por su cuenta, bajo la marca Olimpo. Según nos aseguró su hijo no realizó labor grabada.

Agustín Bardi se halló entre los fundadores de la sociedad de autores, entidad de la cual fue designado tesorero.

El mismo día de su desaparición comenzó a escribir un tango que no concluyó. Culminó esta tarea el maestro Julio De Caro. Ajustado ritmo posee “Sus últimas notas”, así titulado por su hijo Carlos. Esta composición fue estrenada por el conjunto de Joaquín Do Reyes en LR1 Radio El Mundo.

Agustín Bardi falleció victima de síncope cardíaco. Marchaba hacia su domicilio ubicado en Bernal y a corta distancia del mismo se desplomó repentinamente sobre la acera. Sus restos se hallan sepultados en el cementerio de Ezpeleta.

Puede calcularse su producción en 70 obras aproximadamente. Predominan en ella los tangos, tres valses y dos rancheras. Permanecen inéditas unas 30 obras, entre los tangos uno dedicado a la morocha Laura, un vals, tres habaneras y cifras criollas.

Enumeraremos seguidamente algunos títulos que llevan su firma. Entre los tangos: “Vicentito”, “Lorenzo”, “Gallo ciego”, “C. T. V.”, “¡Qué noche!”, “La última cita”, “Nunca tuvo novio”, “El cuatrero”, “El rodeo”, “Chuzas”, “Barranca abajo”, “Cabecita negra”, “El abrojo”, “El pial”, “Adiós, pueblo”, “La racha”, “El paladín”, “Independiente Club”, “La guiñada”. “El baquiano”. “El taura”, “Se han sentado las carretas”, “Polvorita”, “Florcita”, “Pico blanco”, “Gente menuda”, “El buey solo”, “La última cita”, “Tiernamente”, “Tierrita”, “Rezagao”, “Misterio”, “Sin hilo en el carretel”, “Amén”, “Florentino”, “Golondrina”, “Cachada”, “No me escribas”, “Madre hay una sola”, “Triste queja”, “En su ley", “Acuérdate de mí”, “Las 12 menos 5”, “Se lo llevaron”, “A la sombra del recuerdo”, “Confidencia”, “Oiga compadre”. Los valses “Flirteando”, “Nocturno” y la ranchera “Tené cuidao”.

Publicado en el libro: Evocación del Tango, de Juan Silbido, Buenos Aires, 1964.

 onta a la niñez, época en que con su familia pasó a residir en la ciudad de Buenos Aires, fuente todotango.com comentario por Juan Silbido.


ENCUENTRO DE GRANDES MUJERES ARGENTINAS



 ENCUENTRO

PEDRO MAFFIA PEDRO LAURENZ MALA JUNTA



 


No se sabe porqué secreto don, Pedro Maffia encontró en el fondo del bandoneón sonidos que nadie había descubierto antes. Oscar Zucchi, quien se ocupará de Maffia en el tercer tomo de su gigantesca historia bandoneonística del tango, que fue editada por la editorial argentina Corregidor, explica que hasta su advenimiento en la segunda década del siglo XX los bandoneonistas tenían tendencia a remedar con el instrumento a la flauta —gradualmente desplazada de los primitivos cuartetos— y al organito ambulatorio. Tras sufrir en su infancia los cadenazos de un padre brutal, que lo obligaba a pasar la gorra después de cada tango, Maffia fue quien le entregó a este género popular el bandoneón que necesitaba para dejar atrás la retozona Guardia Vieja y volverse grave, reconcentrado, bastante soñador y frecuentemente triste.

Zucchi cuenta que Maffia huyó de su casa en la adolescencia para buscar refugio en lo de la Negra María, madre de varios músicos de diferentes padres y relacionada con rufianes del sur de la extensa provincia de Buenos Aires. Hacia esos lupanares y cafetines australes, lindantes con la Patagonia, envió esta señora al Tanito (el sobrenombre aludía al origen italiano de Maffia), que no había olvidado al «costilludo» (uno de los apodos del bandoneón) en su huida. Fue por Punta Arenas, una de aquellas remotas poblaciones, donde Carlos Gardel y José Razzano, que por entonces conformaban un dúo criollo, descubrieron a ese prófugo precoz que tocaba como nadie, y el pianista Roberto Firpo, también de tournée por esas inmensidades, se lo trajo a la ciudad de Buenos Aires. Pero a Maffia no le gustaba la marcación cuadrada de esa orquesta, porque él ya estaba inventando los acentos desplazados, el fraseo, el rubato.

Al integrar en 1922 el sexteto de Juan Carlos Cobián (el célebre compositor de tangos como Los mareados y Nostalgias), coincidiendo allí con el violinista Julio De Caro (con quien ya había integrado un cuarteto), Maffia comenzó a tomar parte en la gestación de la revolucionaria escuela decareana, cuyos artífices fueron por lo menos cuatro: los hermanos Julio y Francisco De Caro (pianista), Pedro Laurenz y Maffia (el dúo de bandoneones más célebre de todos los habidos). En su Historia de la Orquesta Típica (A. Peña Lillo Editor), Luis Adolfo Sierra destaca que en la etapa inicial del sexteto De Caro (nacido hacia finales de 1923, sobre la base del que había conducido Cobián) «se advertía nítidamente la influencia temperamental ejercida por el bandoneón de Pedro Maffia, de pausada modalidad, con propensión a los matices afiligranados y a los efectos pianísimos, como asimismo una marcada tendencia al ligado de los sonidos...»



Sierra, con su gran autoridad, destaca a Maffia como «el gran estilista», y señala hasta «una actitud física en la posesión del instrumento». Porque él apenas abría su «jaula» (como también se le dice al bandoneón), «desterrando los espectaculares repliegues del fuelle en forma de abanico...» Es que Maffia —apunta Zucchi— no necesitaba más aire. En 1926 fundó su propio sexteto, de sonido mate, apagado, que se tornó más pastoso aún al incorporar posteriormente el violonchelo de Nerón Ferrazzano. El pianista Julio Medovoy, nacido en 1918, retuvo para siempre, como recuerdo de infancia, la visión de aquellos músicos, de posturas rigurosas, vestidos de negro, solemnes. Maffia casi no se movía, no se inclinaba sobre el instrumento, no lo curvaba sobre la rodilla. Sus modos eran suaves, quietos. Su gesto no era inspirado ni transido. Saludaba con una levísima inclinación de cabeza.

Fue uno de los primeros en tocar el bandoneón a cappella, luego de Juan Maglio —Pacho—, Vicente Greco y el Tano Genaro, y fue quien inauguró los dúos de bandoneón con diferentes voces y temperamentos, en yuntas históricas como las que formó con Luis Petrucelli, Laurenz, Alfredo De Franco y Gabriel Clausi. Fueron célebres sus variaciones, como la que Aníbal Troilo toca en “La maleva”. En 1935 integró, con otras figuras descollantes, el conjunto Los Cinco Ases Pebeco, y al año siguiente formó parte de un antológico quinteto, denominado Los Virtuosos, cuyos miembros fueron elegidos mediante masiva votación por los lectores de la revista Sintonía. La era de las orquestas más numerosas, de diez o más instrumentistas, iniciada al promediar los años '30, no le resultó propicia. El bandoneonista y genial arreglador uruguayo Héctor Artola explicaba la razón: para él, el de Maffia era un bandoneón de cámara, cuyo sonido aterciopelado se perdía en las grandes formaciones y en los recintos amplios.

Como compositor, pocos hubo como él. Entre sus grandes tangos están “Pelele”, “Diablito”, “Triste” (con Francisco De Caro), “Tiny” (con Julio De Caro), “Amurado” (con Laurenz), “Taconeando”, “Ventarrón”, “Abandono” (originalmente titulado Amarguras y rebautizado cuando Homero Manzi le agregó letra), “No aflojés”, “Arco iris” (con Sebastián Piana), “La mariposa”, “Se muere de amor”, “Cuándo volverás”, “Te aconsejo que me olvides”, “Heliotropo” y “Pura maña”.

Aníbal Troilo le dedicó “Pedro Maffia”. Fue durante décadas docente de bandoneón y escribió un importante método para su estudio. En 1933 intervino en Tango, el primer largometraje sonoro argentino, y, además de varios otros films, en 1967 es protagonista en Fuelle querido, una valiosa película de Mauricio Berú. Fuente Todotango.com comentario de Julio Nudler.





MALENA MUYALA PURO VERSO


PURO VERSO



 

NUEVOS AIRES BUENOS TANGOS



 NUEVOS AIRES BUENOS TANGOS

ARGENTINO LEDESMA FUMANDO ESPERO




En el año 1947, el morocho de nuestra fascinante historia, tal vez influenciado por sus tíos que eran militares, viajó a Tucumán (provincia del noroeste argentino) para rendir examen en el Colegio Militar de la Nación, donde no fue aprobado por sufrir una enfermedad congénita: daltonismo. No fue un episodio desagradable para el muchacho, ya que por ese motivo el destino quiso que se aquerenciara definitivamente con la música de Buenos Aires.

Un grupo de amigos tucumanos consiguió que Argentino diera una prueba en Radio Aconcagua. Los directivos de la emisora lo escucharon y le hicieron firmar un importante contrato por una suma que el muchacho ni se imaginaba. Cuando el director artístico le preguntó con qué nombre se iba a presentar, le contestó que le gustaba Raúl Ledesma, que era el nombre de uno de sus tíos. El ejecutivo manifestó que no podía ser porque ya había un cantor con ese nombre y que, justamente en esos días viajaba a Tucumán con la orquesta que dirigía Tito Martín, (El D'Arienzo Chico del Tango). Al enterarse que el verdadero nombre era Argentino le dijo: «¡Eso es!... ¡Argentino Ledesma!, con ese nombre va a triunfar en todas partes».

En la radio cantaba de lunes a viernes acompañado por un conjunto de guitarras integrado por Menéndez, Navarro y Bernal, y los sábados lo hacía en clubes, entidades sociales y de fomento con diferentes orquestas típicas tucumanas. Simultáneamente a sus presentaciones artísticas, Ledesma comenzó a practicar otra de sus grandes pasiones: el fútbol. Los que lo vieron jugar dicen que a la pelota la gastaba, no por nada llegó a integrar la primera división del Club Atlético Tucumán, con el número diez.

Pero el tango y el fútbol le resultaron dos actividades incompatibles, ya que jugaba los domingos y los sábados por la noche cantaba hasta altas horas de la madrugada. No se podían conciliar ambas actividades y se quedó con el tango.

Una noche de 1947, Argentino concurrió con unos amigos a un baile que amenizaba una orquesta llegada de Buenos Aires que dirigía Alberto D'Angelo. En un momento del baile con la anuencia del maestro que no lo conocía, subió al palco y cantó tres tangos: “Mi noche triste (Lita)”, “Siga el corso” y “Y volvemos a querernos”. D'Angelo quedó impactado por la voz y propuso llevárselo a Buenos Aires. El cantor no aceptó, estaba muy cómodo en la radio aunque ganaba poco dinero en relación a su éxito. Al tiempo se integró a la orquesta de Joaquín Signorelli y una vez vencido su contrato con la radio volvió a su provincia natal, Santiago del Estero (centro norte del país).

Allí trabajó de perito mercantil en la Dirección de Rentas Provincial y en Radio Del Norte, alternando con las orquestas santiagueñas de Luis Napoleón y de los hermanos Paz en bailes de clubes. A comienzos de la década del cincuenta, se anota en un concurso para cubrir una plaza de tenedor de libros de un importante establecimiento comercial de la Capital, lo gana y viaja a Buenos Aires.

Al segundo día de su arribo decide concurrir a La Querencia, el famoso local de Avenida de Mayo 870, donde se encuentra con unos amigos que le proponen hacer una prueba con la orquesta de Julio De Caro. Pocos minutos después ya estaban en el cabaret Empire de la calle Corrientes y canta dos tangos que dejaron muy conforme al maestro, quien le dijo que tenía que esperar tres meses hasta que le venciera el contrato al vocalista que tenía, Roberto Medina. Pero Ledesma no esperó y a la mañana siguiente, siguiendo el consejo de sus amigos, se va a probar a Radio Belgrano ante el director artístico de la emisora, Jaime Más. Lo contratan por doce meses y el locutor que lo presenta es el legendario Guillermo Brizuela Méndez, quien asombrado por la calidad del muchacho, lo presenta al maestroHéctor Varela que andaba buscando reemplazante por la ida deArmando Laborde.

De la noche a la mañana, Argentino Ledesma ingresa a la orquesta de moda compartiendo el rubro con Rodolfo Lesica, que en poco tiempo se convertirían en la pareja de cantores más populares de la década del 50.

El debut se produjo en el cabaret Chantecler. La noche del 24 de junio de 1952, gracias a una oferta nada despreciable, la orquesta comenzó a actuar en el mitológico Marabú, de la calle Maipú 365. Su primera grabación con Varela fue el 21 de agosto con el tango “Novia provinciana”, para el sello Pampa.

Transcurren casi cuatro años y en febrero de 1956 deja la orquesta y se va con Carlos Di Sarli para actuar en Radio El Mundo y en el cabaret Marabú. También animaron los grandes bailes de carnaval del Club San Lorenzo de fútbol y grabaron para RCA-Victor.

La permanencia de Ledesma con Di Sarli duró poco más de tres meses. Ese breve tiempo se debió a que los directivos del sello Columbia, a la que pertenecía Héctor Varela, empezaron a tentarlo para ver la posibilidad del retorno a esa agrupación. ¿Pero cómo iba a dejar nada menos que a Di Sarli, sobre todo cuando recién empezaba? ¿Y el futuro? Si bien había comenzado con Varela, se había consagrado con Di Sarli. Pero la empresa insistió. Le hicieron ofertas fabulosas, sumas importantes de dinero, otras condiciones para volver con su anterior director. Era como el pase de un jugador de fútbol cuando está en la gloria. Y al final volvió. Di Sarli no podía entender esa decisión: no concebía que un cantor lo pudiera dejar. Al final lo comprendió, le deseó suerte y se hicieron muy amigos.

Al promediar el año 1956, Argentino Ledesma en la orquesta deHéctor Varela obtuvo resonantes éxitos con “Fueron tres años”, “Muchacha”, “Fosforerita” y sobre todo con “Qué tarde has venido”. También con la milonga “Silueta porteña”, que debía cantar con Lesica y lo tuvo que hacer sólo porque Rodolfo no pudo concurrir a la sala de grabación. De todos modos, el dueto Ledesma-Lesica dejó muy buenas versiones grabadas de los valses “Gota de lluvia” y “Rosa mía” y la milonga “Tentadora”.

El éxito acompañaba a la orquesta y a sus cantores. Actuaban en bailes, locales nocturnos y realizaron un espectacular ciclo por Radio El Mundo en el tradicional programa Glostora tango club.

El año 1957, lo sorprendió a Ledesma en el mejor momento de su carrera como cantor de orquesta, hasta que los directores del sello Odeon le propusieron grabar como solista. Las condiciones eran óptimas, pero Argentino no se decidía. El rumor de que se iba no tardó en ganar la calle. Varios directores quisieron aprovechar la coyuntura para llevarlo a sus orquestas. Miguel Caló fue personalmente a su casa y le dejó un cheque por cien mil pesos. ¡Una fortuna!

Antes de tomar una decisión definitiva lo consulta a Edmundo Rivero. El gran intérprete le dijo : «Váyase de la orquesta pero asesórese bien porque usted es muy joven.» Y le recomendó al poeta y representante Mario Battistella , un hombre muy conocedor del medio. Finalmente culmina su ciclo con Varela y comienza su nueva etapa como solista.

Anima numerosos bailes y, al poco tiempo su cachet es el mismo que el de Juan D'Arienzo con toda la orquesta y los cantores incluidos. Es acompañado por la formación del pianista Jorge Dragone y actúa en Radio Belgrano en un programa propio, auspiciado por el jabón Palmolive. Hace una gira por todo el país y el 16 de junio de 1957 grabó su primer disco como solista para Odeón.

Actúa en el Teatro Cómico de la calle Corrientes junto a Tito Lusiardo y Fidel Pintos entre otros. Es convocado para cantar e interpretar un papel en la película El asalto, con Alberto de Mendoza, Egle Martin y Tato Bores, donde canta “Dame mi libertad”, “Cafetín de Buenos Aires” y la milonga “El asalto”.

En el año 1964, el maestro Francisco Canaro grabó doce tomas que servirían de acompañamiento orquestal para el cantor chileno Lucho Gatica. Todas eran obras compuestas por Carlos Gardel. Como por razones de trabajo Gatica no lo pudo hacer, la compañía Odeon llamó a Argentino Ledesma para que las cantara. De los doce temas pudo grabar seis debido al fallecimiento de Canaro. La cinta grabada fue a parar al archivo y bastante tiempo después, la empresa volvió a llamar al cantor para terminar los otros seis, en esta oportunidad con la dirección del maestro Carlos García. Cuando se terminó de grabar se cotejaron las versiones de 1964 y las de 1973. Habían pasado casi diez años y la voz era la misma. No había perdido ni la voz, ni el color, ni el timbre. Ese disco resultó un suceso en América, parte de Europa, Japón y Australia. Hoy está editado en disco compacto.

Fue uno de los cantores más requeridos por la televisión. Su figura ha sido vista en los más importantes programas: Siete notas para el tangoTango y puntoAmistangosEl tango del millónYo te canto Buenos AiresSábados circularesGrandes valores del tangoSábados de la bondad y muchos otros.

En 1980, grabó un par de tangos como invitado, en la orquesta de Osvaldo Fresedo y sus últimos registros los realizó con el acompañamiento de Roberto Pansera.

Es autor de la milonga “El asalto” y de los tangos “Sin un adiós” con música de Mario Demarco y “Hacete amigo de la vida” con música de Marsilio Robles.

En una palabra, Argentino fue, es y será un verdadero grande del tango. Un hombre que gestó una carrera alucinante merced a su profunda creatividad. Fuente todotango.com


ESTEBAN MORGADO CUARTETO ES LO QUE HAY







 

JOSÉ BASSO POR LA VUELTA


Su calidad profesional, su interior tanguero y febril, esas manos que se deslizaban sobre el piano, sin dudas, las palabras devuelven la figura de José Basso; Pepe para los amigos. El hombre que caló profundo en las sintonías tangueras que emocionaron hasta las fibras más íntimas de los amantes de nuestra música ciudadana.

Según la voz de aquellos que todo lo saben, es uno de los directores de más garra y raigambre tanguera de los últimos tiempos y que, junto a Osvaldo Pugliese y Alfredo De Angelis, siguió al frente de su orquesta sin parar por más de cincuenta años.

Basso nació en Pergamino, ciudad a 200 km al oeste de la ciudad de Buenos Aires. Su primera aventura musical fue con un cuarteto de pibes. En 1936, con apenas 17 años, ingresa en la orquesta de los hermanos Emilio y José De Caro, reemplazando al pianista Héctor Grané. Al año siguiente, pasó a integrar la agrupación del bandoneonista Francisco Grillo y luego, la de su colega José Tinelli.

Una vez cumplido el servicio militar, en 1938, formó parte del Trío Gallardo-Ayala-Basso, pasando luego a tocar en las orquestas de Antonio BonavenaAnselmo Aieta y Alberto Soifer. Es interesante hacer un alto aquí.

Cuando era pianista de la orquesta de Alberto Soifer, éste excelente músico dirigía la Orquesta Estable del programa radial Ronda de ases, lo mejor que hubo en su género. La ya mitológica audición se empezó a transmitir en 1942, desde el enorme estudio A de LR1 Radio El Mundo. Pero fue tal la afluencia de público que más de la mitad se quedaba en la calle. Por ese motivo se continuó irradiando desde el Teatro Casino.

Por aquella audición tanguera, semana a semana, desfilaban los más importantes directores de la época: Aníbal TroiloOsvaldo FresedoCarlos Di SarliRicardo TanturiJulio De CaroEdgardo DonatoÁngel D'Agostino y Juan D'Arienzo, entre otros. Además se organizaban concursos de tangos y de orquestas. Soifer, aparte de dirigir su orquesta, para interpretar sus tangos ganadores, hacía los arreglos musicales cuando las cuatro agrupaciones de moda actuaban juntas. En cada audición interpretaban un tema y el gigante conjunto era dirigido por un diferente maestro.

En aquella orquesta de Soifer cantaba Roberto Quiroga. Como hecho curioso, grabó para la RCA-Victor un disco que tenía de un lado “Mi Buenos Aires querido” en tiempo de tango y del otro, el mismo tema en tiempo de vals. Lo mismo con el tango “Alondras”.

El ojo clínico de Aníbal Troilo, no dejó pasar por alto el estilo y la calidad de Pepe Basso cuando lo veía tocar en la formación de Soifer. Andaba en busca de un pianista porque Orlando Goñi (El Pulpo), ya le había comunicado su decisión de formar rancho aparte.

Y fue así nomás; en septiembre de 1943, se incorporó a las filas de Pichuco. La primera grabación del pianista con la orquesta fue la del tango de los hermanos Expósito “Farol”, realizado el 30 de septiembre de ese año.

José Basso permaneció con Troilo hasta 1947, y en ese lapso intervino en 88 registros discográficos, el último de ellos un disco que tenía de un lado “Flor de lino”, cantado por Floreal Ruiz y en el acople, “El milagro”, con la voz de Edmundo Rivero, del 29 de abril de 1947.

Por tenerlo a Troilo como director durante tanto tiempo, por haberse lucido ampliamente en sus solos y con tanta discografía encima, José Basso ya estaba en óptimas condiciones de dirigir su propia agrupación. Para reemplazarlo, Pichuco convocó a otro gran pianista, Carlos Figari.

Para formar su orquesta, Pepe se rodeó de los mejores músicos del momento y cuando la agrupación estuvo a punto la dio a conocer al público. En la fila de bandoneones estaban Julio AhumadaEduardo Rovira, Adolfo Francia y Andrés Natale; los violines eran Mauricio Mise, Francisco Oréfice, Rodolfo Fernández y Domingo Serra; el violoncello a cargo de Leopoldo Marafiotti y el contrabajo de Rafael Del Bagno. Más tarde pasaron por su orquesta, elementos de gran valor como el violinista Hugo Baralis, el bandoneonista Juan Carlos Bera y el contrabajista Omar Murtagh.

De más está decir que la expectativa provocada superó todo lo imaginable. Basso debutó matando y haciendo triplete: Radio Belgrano, el café Marzotto de la calle Corrientes el Ocean Dancing, cabaret ubicado en la avenida Leandro N. Alem.

La primera dupla de cantores estuvo formada por Ortega Del Cerro y Ricardo Ruiz. La base del estilo musical de la flamante orquesta fue de característica troileana, pero paulatinamente logró cobrar una fisonomía propia, de incuestionable calidad en arreglos como el ejemplo de “Se han sentado las carretas”, “Guardia Vieja”, “El estagiario” y “Ahí va el dulce”, su caballito de batalla.

Además, fue uno de los directores que mejor interpretó los tangos de avanzada de Astor Piazzolla, haciendo que éstos se pudieran bailar. Son impecables los registros de “Para lucirse”, “Prepárense”, “Triunfal”, “Contratiempo” y “Nonino”.

En aquella época, es bien sabido, no cualquiera accedía a los estudios de grabación. Antes de que los ejecutivos discográficos se decidieran por contratar a determinado artista, éste tenía que haber trajinado mucho y demostrar que realmente contaba con el apoyo del público, potencial comprador de los discos.

Durante dos años de llevar multitudes a los bailes, de presentarse por los micrófonos y de ser figura descollante en la desaparecida confitería Ruca, recién tuvo la oportunidad de grabar. Ello ocurrió a comienzos de 1949 con cuatro registros en RCA-Victor, que no tuvieron finalidad comercial, sino que fueron a modo de prueba. Ya no estaba Ortega Del Cerro quien fue reemplazado por Francisco Fiorentino. Esos temas que no salieron a la venta fueron: “Mi noche triste (Lita)”, cantado por Fiorentino; “Sentimiento gaucho” con Ricardo Ruiz; “Se han sentado las carretas”, instrumental y “Dos que se aman”, por el dúo Fiorentino-Ruiz.

Pepe no tuvo tiempo para desanimarse por la poca suerte en la grabadora, porque a la semana fue llamado por el sello Odeon con el que firmó contrato.

El primer disco que salió a la venta fue “Claveles blancos” cantado por Floreal Ruiz y “El bulín de la calle Ayacucho”, en la voz de Fiorentino, que como todos saben había sido uno de los grandes éxitos del Tano en la orquesta de Troilo. Sus grabaciones ascienden a 257 registros comerciales.

José Basso realizó una gran trayecoria en Radio Belgrano, alternando esta labor con bailes de clubes, presentaciones en confiterías, giras por el interior, actuaciones en la boite Sans Souci, etc. Al poco tiempo de comenzar con las grabaciones, se separaron Fiorentino y Ricardo Ruiz. El primero para cantar con la orquesta de Alberto Mancione y Ruiz, para hacerlo con la de Ángel D'Agostino. Para reemplazarlos, llamó a dos muy buenos cantores: Jorge Durán y Oscar Ferrari.

Los otros vocalistas que pasaron por su orquesta fueron: Rodolfo GaléFloreal RuizAlfredo BelusiRoberto FlorioAlfredo Del RíoHéctor De RosasCarlos RossiLuis CorreaJuan Carlos GodoyAlberto Hidalgo, Aníbal Jaulé, Quique OjedaEduardo Borda y algún otro que haya incursionado temporariamente.

Actuó en la primera época de la televisión argentina, en Canal 7, en el programa Hit parade, que se transmitía los domingos. Corría el año 1959 y la mayor parte de los números artísticos eran de música extranjera. El público votaba semanalmente y a fin de mes se elegía el número y el tema preferido por los televidentes. Sólo actuaba una orquesta de tango por mes. Cuando le tocó el turno a la de José Basso, por primera y única vez, tanto el tango como la agrupación, resultaron los preferidos de ese mes por amplia diferencia de votos.

Las orquestas de José BassoAníbal Troilo y Juan D'Arienzo, eran las más solicitadas por los productores de televisión. El motivo era que tanto Pepe, como Troilo y D'Arienzo, sabían como sacarle partido a la imagen. Troilo por esa manera de dormirse sobre el fueye; D'Arienzo porque se movía de un lado al otro, exagerando los ademanes de director; y Basso por su costumbre de aporrear el piano y dirigir la orquesta tocando la mayoría de la veces de pie. Estuvo en los principales programas televisivos: Grandes valores del tangoEl club de las caras felicesArmenonvilleAmistangosLa botica del tangoSábados circulares, etc.

También se presentó en los más importantes locales nocturnos: Caño 14, Relieve, El Viejo Almacén, El Rincón de los Artistas, etc.

Viajó a Japón en 1967, contratado por un mes y tuvo tanto éxito, que tuvo que quedarse ocho meses más, visitando casi todas las ciudades. En 1970, hace una nueva gira con la orquesta integrada de la siguiente manera: piano, arreglos y dirección, José Basso; bandoneones, Roberto PanseraJuan Carlos BeraEduardo Cortti y Lisandro Adrover; en los violines, Osvaldo Rodríguez, Armando Husso, José Singla, José Fernández y el agregado de violinistas japoneses; con el contrabajo de Francisco De Lorenzo.

En el final de su carrera actuó permanentemente en todos los ámbitos, y el 29 de junio de 1990, en un importante acto realizado en el Salón Dorado del Teatro Colón, con motivo de la creación oficial de la Academia Nacional del Tango, el maestro, junto a otros distinguidos intérpretes, fue nombrado Académico de Honor.

De su obra como compositor podemos destacar los tangos instrumentales: “Once y uno”, “Pacachi”, “Brazo de oro”, “De diez siete” y “El pulga”; los valses: “Celeste lluvia”, “Nuestro vals” y la milonga “La camalela”. Entre los temas con letra: “Me están sobrando las penas” en colaboración con Argentino Galván y letra de Carlos Bahr, “Amor y tango”, con Bahr; “Rosicler” y “Anteayer”, con Francisco García Jiménez; “Pena copa y tango” con Manuel Nuñez; “Atrévete” con Luis Botini; “Un tango para La Falda” con Juan Carlos Mareco; “Donde estás japonesita” con Norberto Aroldi; “Siempre en mi amor” con Eugenio Majul; “Yo te canto novia mía” con Héctor Stamponi; “Porque sí” y “Cuerpo y alma”, con Juan Pueblito; “María la del portón” con Andrés Vitale y Abel Aznar; “Mundana” con Manuel Barros y Floreal Ruiz; “Tu beso y nada más” con Ángel Cabral y Floreal Ruiz; “Una historia más” con Riel y Raúl Hormaza. También compuso las milongas: “Payada criolla” con Enrique Maroni; “Milonga de Albornoz” y “Milonga para los orientales” con Jorge Luis Borges; “Milonga cheta” con Jorge Palacio (Faruk), “Viejo café” con Julio Porter; “Pobre negro” con Francisco García Jiménez y “Milonga del siglo quince” con Dante La Rocca.

El famoso tango de Juan Canaro y Osvaldo Sosa Cordero, “Ahí va el dulce”, fue siempre la carta de presentación de José Basso antes de iniciar un baile, un recital o un programa de televisión. Al escuchar esas últimas notas vibrantes de la melodía, ya estamos dispuestos a pasar un momento gratísimo, rememorando a todos los pianistas de la vieja guardia. Fuente: Todotango.com comentario Jorge Palacio (Faruk).


 POR LA VUELTA

LEOPOLDO FEDERICO COPAS AMIGAS Y BESOS



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Los Tangos

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